Larrix: la palabra como arma, el proceso como camino

“Red Bull es la Navidad de los raperos. Porque si ganás, te cambia la vida. Y si no, te amarga el fin de año”, dice Larrix con una mezcla de risa y lucidez. Después de cinco años de intentos, el freestyler cordobés finalmente se coronó campeón nacional de Red Bull Batalla 2025. Pero su historia no es la del éxito inmediato: es la del proceso, la insistencia, el orgullo y la sensibilidad.

Lucas Larrazabal, más conocido como Larrix, no es solo un campeón del freestyle: es un artista completo. Estudió cine en la Universidad Nacional de Córdoba y lleva esa mirada estética y reflexiva a cada rima que suelta. Con una combinación poco común de sensibilidad, técnica y pensamiento crítico, convirtió la palabra en su herramienta más poderosa.

Su vida viró por completo en 2021, cuando decidió dejar la carrera de cine en la Universidad Nacional de Córdoba para volcarse de lleno al freestyle. Su ascenso en el circuito profesional, en la Freestyle Master Series (FMS), marcó el inicio de un recorrido que lo llevaría a lo más alto del rap competitivo.

De profesión, rapero

Lucas valora que el freestyle haya ganado profesionalismo: “Es una gran noticia que se haya vuelto algo rentable y que haya una vida económicamente viable para alguien que se dedica a competir”. Pero eso no le impide denunciar las fallas que percibe en el manejo empresarial de algunas competencias: “Si como empresario vas a tener todo un sistema profesional, le exigís a los competidores que sean profesionales, con contratos, publicidades y demás… exigite lo mismo vos. Porque si no, vamos mal desde o raperístico a lo empresarial”.

A lo largo de los años, participó en cinco ediciones de la Red Bull Batalla: “Fui cinco veces a Red Bull y en ninguna de las cinco tuve el mismo resultado. Perdí en cada ronda posible y fui campeón, nunca repetí resultado”, recuerda. Aunque sus primeros intentos no terminaron en victoria, su constancia lo llevó a destacarse, y finalmente consagrarse campeón nacional en el presente año.

Lejos de reducirse al circuito competitivo, Lucas también se expande hacia el teatro, donde actúa en El principio del fin, una obra musical inspirada en Canserbero, que se presenta en Rosario, Buenos Aires y Córdoba. Allí, combina actuación, música y palabra en un espacio completamente distinto, pero no menos desafiante. “La obra es hermosa. Aprendí un montón rodeado de gente tan crack. Estoy dándole muchas horas, práctica, ganas, esfuerzo… y me encantaría que salga lo mejor posible”, afirma con entusiasmo.

Foto: Julio Pereyra para Enfant Terrible.

La navidad de los raperos

Comenzó su camino en la Red Bull en 2021 y, como él mismo recuerda -con humor y precisión matemática-, fue cayendo en todas las fases posibles hasta consagrarse: “En la primera pierdo en octavos, la segunda en semis contra CTZ, la tercera en la final con Jesse Pungaz, la cuarta contra Stuart, y la quinta me toca coronar campeón”.

Esa trayectoria zigzagueante, marcada por derrotas sucesivas y aprendizajes constantes, no solo evidencia una evolución artística sostenida, sino también una forma de entender el freestyle como un camino de construcción paciente, sin atajos ni fórmulas fáciles.

Escuché una vez decir que esta competencia es como la "Navidad de los raperos", y es verdad. Vas, convivís con raperas y raperos, esa familia que capaz hace un tiempo no ves, en un hotel, paseando por lugares lindos, rapeando todo el día, compartiendo la mesa hasta alzar la copa, expresa.

Lejos de frustrarse por las caídas, construyó su estilo a través del ensayo y el error. En ese proceso fue ajustando cada detalle: la métrica, el flow, la musicalidad, la puesta en escena: “Siento que si bien estoy en esos lugares, todavía puedo hacer más para ser un competidor, un artista, un freestyler mucho más fuerte; me tengo fe de que hay potencial por descubrir aún”, afirmó.

Lo que en otros podía traducirse en ansiedad o impaciencia, él lo capitalizó como un fuego lento de construcción identitaria: “Para esta Red Bull practiqué muchísimo… siento que tuve un gran desempeño, disfrute cada batalla y en particular los minutos competidos con Auge”.
El triunfo en 2025 no fue fruto del azar, sino de un plan meticuloso. Larrix sabía que llegaba afilado, con una mezcla de preparación y hambre contenida: “Yo sentía que iba a ser campeón esta vez, porque venía como una suma de polvitos mágicos para la receta. Para mí ya estaban perfectos para el truco del gran campeón”. Ese truco incluía no solo técnica y disciplina, sino también una dimensión emocional, casi espiritual. 

Final Larrix vs Cobe. Foto: autoría a quien corresponda.

En la previa tuvo un episodio simbólico que lo marcó: visitó el cementerio de Recoleta en busca de algún prócer, de algún mensaje, y se topó con la tumba de Evita, cuya fecha de muerte coincidía con el día de la Red Bull. “Dije: ‘Uf, mierda, che’. Me quedé así. Le escribí a mi vieja y a mi pareja, no creo mucho en estas cosas, pero les conté”, relató.

Durante su proceso tuvo que medirse con generaciones diversas, en competencias que, según él, siempre son distintas: “Nunca se repite la plantilla de competidores y eso siempre implica algo”. Cada edición tiene su propia dinámica: “Siento que hay Red Bull que son más de transición, otras de nueva escuela, otras de grandes regresos. Esta puede haber sido una de transición, ¿por qué no?”.

Destacó la presencia de muchos debutantes “muy frescos”, como Auge o Dac, y de nombres ya consolidados como Mecha o Tata, lo que, según él, generó una mezcla rica de estilos y momentos distintos de carrera. “Nos agarraba a varios en distintas etapas. Y eso siempre es muy lindo. Ver a un nuevo contra un OG, o los que están en entremedio. Esos choques siempre me divierten mucho”, resumió.

En esta edición derrotó a Zaina, Auge, Exe y Cobe, cada uno con estilos y trayectorias muy distintas. De todas esas batallas, la que más disfrutó fue la de cuartos: “Con Auge fue mi favorita. Me divertí, fluyó. Nos respetamos y dimos todo. No hubo relleno”. Esa batalla condensó lo mejor de su propuesta: intensidad, respeto mutuo, calidad técnica y sentido del espectáculo.

Frente a Auge y en cuartos de final, dejó una línea cargada de sentido: con una alusión a las finales del mundial de fútbol de los años ‘90 y el ‘86, evocó su propio camino en el freestyle. Ya vivió la experiencia de perder una final; ahora, tras años de perseverancia, fue en busca de su momento de consagración:

Yo no soy acomplejado,
ni cuando fui un fracasado.
Me llevé aplausos, hice el asado.
Ya perdí una final, pero fui un rey.
Ya tuve mi '90… quiero mi '86.

El tipo que les gana: "Resérvenme mi lugar"

Larrix no necesitó una invitación para hacerse escuchar y, aunque no participará de la FMS World Series, dejó uno de los discursos más potentes y recordados de la Red Bull Argentina 2025: “Hacen ligas con los mejores del mundo y no llevan al tipo que les gana”. No fue una rima suelta ni una chicana, sino más bien un manifiesto de tres partes, hilado con firmeza y cargado de sentido.

La primera parte es la linda, los agradecimientos. La emoción que yo sentía todas las veces que lo había intentado y no había podido”, explicó.

Pero el corazón del mensaje llegó en la segunda parte. “Les digo: ‘Resérvenme un lugar, que les caigo. No piensen que esta fiesta del rap la van a hacer sin mí”. Sin rodeos, sin falsa humildad, él no exige por nombre, sino por nivel.

La tercera parte, más filosa, apuntó a los organizadores. “Un saludito a la Superliga. Que la armaron y esta vez no estuve... pero si doy el nivel al que aspiro, va a ser imposible que me dejen afuera la próxima”, disparó.

Ese mensaje, lanzado en pleno escenario, generó reacciones inmediatas de colegas como Bnet y Teorema, pero Larrix no lo dijo para provocar, sino porque lo siente. Y fuera del escenario, lo reafirma sin titubeos: “Como competidor, soy el mejor del maldito planeta. Si no voy yo, no va nadie”.

Ese equilibrio entre la confianza y la exigencia personal es lo que lo diferencia. Lucas Larrazabal o Larrix, según el nombre de guerra, es consciente de lo que logró, pero también de lo que todavía falta.

Y ahí radica la clave de su historia: no ganó por casualidad, ni piensa quedarse quieto ahora que lo logró. Como él mismo dice, quiero estar así, quiero ser un tipo orgulloso de lo mío, consciente de todas las imperfecciones que uno tiene que ir trabajando... pero también salir a competir sintiéndome el mejor, con el pecho para adelante y con la palabra como arma.

Orgullo e imperfección. Fuego e introspección. Hambre y futuro. Larrix no se presenta como un campeón que llegó: se presenta como el tipo que sigue yendo. Y en un circuito donde muchos bajan los brazos, esa insistencia, esa voluntad, esa hambre, es lo que lo vuelve necesario.

Comunicador popular. Vecino de Barrio Yapeyú. Me dedico a la fotografía, la redacción y a hacer muchas preguntas.

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