Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra

Los Corsos de Unquillo tienen alrededor de 88 años. Nacieron casi a la par de la ciudad. Lo que fue la bienvenida de los visitantes que llegaban en tren desde Buenos Aires y localidades aledañas, a mediados del siglo XX, pasó a encarnar el espíritu de un pueblo llenó de artistas. La doble avenida desde el macrismo resultó una zona de disputa, aunque sus habitantes continúan defendiendo que el corso “es del pueblo”.
En esa “evolución” de la hablan sus organizadores, muchos otros pueden leerlo como una pérdida de identidad popular, un vaciamiento de sentido. Una puja entre mantener viva la organización colectiva de reunir al pueblo para un festejo que nació junto con sus primeros habitantes, allá por 1937-1938, y quienes pretenden hacer una limpieza casi ideológica, de un festival pensado para turistas.

La murga, los carnavales, los corsos, surgieron entre el rejunte de esclavos, indios, migrantes, mulatos y el calor de las masas. Una festividad en agradecimiento a la tierra y el despertar del diablo para pintar las ciudades.
Los primeros corsos en Unquillo eran caravanas de autos, tractores y carrozas, orquestadas por los propios vecinos; luego se sumo el circo y cada barrio traía su propia propuesta artística (Cabana, San Miguel, Quebrada Honda, Villa Forchieri, Pizarro y Herbera).

La doble avenida era “zona liberada” para carnavalear. Disfraces que se mezclaban con los transeúntes; los desfiles no estaban separados por vallas, sino que conformaban un todo con el público.
“Unquillo tiene cultura de corso histórica. Primero fue el Carnaval de las Flores, donde tiraban -valga la redundancia- flores desde las carrozas. En los 90's se produjeron las murgas de los barrios, con artistas ad honorem que formaron el 'Unquio Paradise', una murga espectacular. Fueron un emergente contrahegemónico. Cuando se metió el Estado a bancar a algunos se empezó a pudrir. Antes era gratuito, venía el Negro Rada, los Auténticos Decadentes, todo para la gente de Unquillo. Había concurso de carrozas, murgas barriales, hacían con lo que tenían”, comenta una artista reconocida de Unquillo.
Diez años atrás por gestiones políticas, recortes y despidos, el carnaval pasó a festival, la doble avenida se valló y los unquillenses empezaron a pagar por algo que ellos habían creado. El espacio público ahora tendría precio de entrada.
“Cuando vino la progresía importada, finales del gobiernos de Cristina, el radical Marcos Griffa que se hizo el kirchnerista -lo trajo gente de afuera de Unquillo, después denunciado por acoso- quiso ponerle una bajada de línea al corso. Tenía un presupuesto pero era él quien les compraba las telas porque 'no sabían comprar'. Una desconfianza sobre la gente humilde. A partir de ahí se pudrió. Cuando vino la otra administración que son mas vecinalistas lo hicieron un negocio. Un bodrio para vender espuma loca”, replicó la artista.
De igual manera, a toda acción hay una resistencia por lo que parte de la organización y del colectivo de la Unquillense con más de 250 integrantes, conformado en la misma época de la “privatización” (2016-2017), se sobrepusieron para que todos y todas también puedan participar de la organización del corso, resultando en un híbrido entre un festival pago y una comparsa popular.

Ayer martes, se dio el acto inaugural de los corsos 2026, en el Cabildo Histórico, con la participación del intendente, Guillermo Valli, el ex basquetbolista y actual “Secretario de Fortalecimiento Vecinal, Cultura y Deportes” de la provincia, Héctor “pichi” Campana, además de algunos de los artistas que estarán la noche del 5-6-7 de febrero: Lucre Ortiz, Luz Paisio, Stilo K, Magui Olave, el Toro Quevedo y La Monada.

Desde Enfant realizamos cobertura y les preguntamos qué significaba para ellas y ellos formar parte del carnaval en el “pueblo de los artistas”.
Para Lucre Ortiz, cantante, compositora y vecina de Unquillo, comenta que es una alegría que la sumen a la grilla: “te sale una guitarra debajo de las piedras. Podés encontrar artistas plásticos, músicos, muralistas, es muy diverso, muy hermoso. Festejo que incluyan artistas locales ya que se dice que es un 'pueblo de artistas', festejo mucho eso que se priorice artistas locales”.
Con su tributo a Gilda “Volverte a Ver”, Lucre lleva la obra de la cantora con orgullo: “es una referenta para mi generación y para muchas generaciones. Nos abrió la puerta para que podamos hacer nuestra propia música”.
Llegó a Unquillo por su hermana, luego de vivir 13 años en Buenos Aires, “me enamoré del pueblo. El pueblo es hermoso, la comunidad es hermosa, compartimos juntadas, todo cerca, cálido, tranquilidad”. Además comentó que para ella las siete maravillas de Unquillo son:
“El río, la peña, la gente, el locro del Dani, el corso, Los Quebrachitos, fiestas populares de gente que abre su casa para que compartamos entre todos. Mi virtud es hacer cantar a todo el mundo, eso podría ser una gran virtud para sumar, animarte y estimularte para que cante... Unquillo es mi hogar”.

A su vez, para los chicos de La Monada, los hermanos Agustín, Juan y Lucas Ninci, el ritual de participar de los corsos de Unquillo les resulta una alegría entre tanto barullo: “la verdad que nosotros fingimos demencia en este 2025, nos pusimos a trabajar llevando la bandera del entusiasmo. Es la primera vez que nos invitan a participar y nos parece que va a ser un éxito”, comentó Agustín.
Respecto a las similitudes entre el cuarteto, la murga y los corsos, Lucas cuenta que para él “la murga es de barrio, familiar, una cultura muy hermosa, mucho amor, mucho teatro y se compara con La Monada que es una fiesta así que espectacular. Participamos en carnavales, lo de Unquillo es legendario, tuvimos la oportunidad de participar en el 2000, junto a la murga de Unquillo en la apertura del Milenio de Cosquín. Una conexión hermosa con la murga de Unquillo”.

Por último desde La Unquillense contaron que lo que se presencia en el festival es una parte ínfima del coloso que hay detrás: “todo sucede en el ensayo, donde no somos solo nosotros, es todo el colectivo que nos acompaña, esa alegría recíproca de hacerlo entre todos”.
Fotografía de portada: Julio Pereyra
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