Liliana Córdoba: “No hay manera de pensar un país soberano sin la universidad pública”

En el marco de las elecciones de la Universidad Nacional de Córdoba, a realizarse los días 21 y 22 de mayo, Enfant entrevistó a Liliana Córdoba (candidata a Vicerrectora por Vamos), quien compartió su opinión sobre las propuestas de su espacio; la universidad y la soberanía nacional; la realidad de los claustros, la salud mental de las y los estudiantes y trabajadores; entre otros

La Universidad Nacional de Córdoba define su rumbo de cara al 2030. El oficialismo, encabezado por el radical Boretto (SOMOS), busca la reelección con los mismos nombres y apellidos de hace cuatro años. La oposición, bajo la firma de VAMOS, lleva al químico Pedro Pérez como candidato a Rector y a la comunicadora Liliana Córdoba como Vicerrectora, en una fórmula dispuesta a representar más un cambio generacional en la conducción universitaria que un simple recambio de apellidos.

Enfant dialogó con Liliana Córdoba, licenciada en Comunicación Social (UNC), doctora en Ciencias Sociales por la Facultad de Ciencias Sociales (UNC) y actual vicedecana de dicha institución. Con una trayectoria que entrelaza la militancia social con una sólida carrera académica, Córdoba es reconocida por su histórico compromiso con los derechos humanos en H.I.J.O.S. y por su activa labor en la Coalición por una Comunicación Democrática, organización clave en el impulso de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, más conocida como la “Ley de Medios”.

Córdoba. Foto: Julio Pereyra/Enfant Terrible.

La compleja realidad universitaria

Enfant Terrible (E.T): Tras haber recorrido distintas unidades académicas y escuchar a los claustros, ¿Cuál es tu síntesis del estado actual de la UNC?

Liliana Córdoba (L.C): Hay una comunidad muy comprometida, activa, y preocupada también por los ataques a la universidad. Ataques en términos de desfinanciamiento, que son decisivos y críticos, pero también ataques simbólicos a su prestigio, su forma de trabajo, y a la producción de conocimiento. Por un lado hay una comunidad muy activa en defensa de eso, se mostró en la rotunda movilización de los otros días.

Además, lo que vemos o confirmamos es un diagnóstico de una universidad que está muy fragmentada, con la necesidad de que el área central, el Rectorado y sus secretarías, puedan acompañar procesos más integrales de reformas académicas, por ejemplo, que se necesitan frente a cambios tecnológicos, frente a cambios del mundo del trabajo. Vemos también una necesidad de tener con mayor fortalecimiento los espacios de cogobierno, de poder discutir ahí cuestiones desde académicas hasta presupuestarias que estén más ligadas a las necesidades concretas y las demandas concretas de las facultades.

También es importante que vemos estudiantes preocupados por la posibilidad de su cursada con calidad; estudiantes que están teniendo que trabajar en laburos que son muchas veces precarizados y que entonces necesitan que nosotros también revisemos las condiciones de cursada en la UNC.

Julio Pereyra/Enfant Terrible.

Universidades, ¿claves para la soberanía nacional?

E.T: Viendo el panorama nacional, con un ajuste sistemático a lo público, ¿qué universidad pública necesita el país hoy?

L.C: Claramente estamos frente a un gobierno que además está en sintonía con por lo menos algunas otras fuerzas políticas en Occidente, que viene con una idea de mercantilización absoluta de las vidas y destrucción de todo lo público y lo común. Nosotros tenemos un robusto sistema científico, tecnológico y universitario en nuestro país, y eso es un sistema único. Instituciones como el INCAA, como la CNEA, que forman parte del sistema científico, del CONICET, no se pueden pensar separados del sistema universitario público.

Nuestro sistema público universitario, construido sobre todo en los últimos cien años, tiene una característica única a nivel mundial porque combina producción de conocimiento de frontera, de base, científico de altísima calidad; con excelencia académica junto con el ingreso irrestricto, la masividad en muchos casos y también la gratuidad. Esas cuatro características hacen que tengamos la posibilidad de desarrollar investigación de punta y formación de profesionales que pueden liderar un proyecto de país.

Probablemente la apuesta de Milei sea al aniquilamiento de la universidad pública así tal cual la conocemos, y se apueste más a lo que ocurre en otros países donde el conocimiento de punta, la formación de elite, esté en algunas universidades a las que pueden acceder determinados actores sociales, que son caras, y el resto tengamos universidades de otro tipo. A la universidad justamente se la ataca por las cosas que hace bien, y que hace muchas bien, y no por algunas cosas que seguramente deberíamos o podríamos mejorar.

E.T ¿Cómo relacionas a la universidad pública con la soberanía en términos regionales?

L.C: Me parece que no hay manera de pensar un país soberano sin la universidad pública, sin la producción de conocimiento en la universidad pública, sin soberanía tecnológica, sin soberanía comunicacional, sin soberanía informativa. Eso necesita de científicos y de profesionales formados en la universidad, de desarrollos a nivel nacional y a nivel regional.

Quizás una de las cuestiones críticas o autocríticas sea por ahí la poca vinculación que a veces tenemos en la producción de conocimiento con otros países de la región. Fortalecer eso para pensar en términos de soberanía es clave. Hoy la soberanía no se construye solamente desde un Estado, sino que estamos pensando en soberanías más bien de tipo regionales. Ahí es algo que la universidad puede y necesita fortalecer su tarea.

Julio Pereyra/Enfant Terrible.

Ciencias sociales, su rol y el porqué de los ataques de Nación

E.T: En este ataque, el gobierno se ha empecinado con las ciencias sociales. ¿A que se debe? ¿Qué importancia tienen para el desarrollo de una nación?

L.C: Estos son gobiernos que nos quieren hacer creer que los seres humanos nos salvamos solos, que competimos unos contra otros, e incluso apuntan contra la destrucción de la idea misma de sociedad. Nos quieren hacer creer que somos una sumatoria en competencia por intereses. La existencia misma de las ciencias sociales desmiente eso. Toda nuestra producción de conocimiento apunta a mostrar de qué manera somos seres gregarios, culturales, sociales. Necesitamos de los otros y de las otras para sobrevivir, para crear, para imaginar.

También las ciencias sociales en nuestro país tienen en general una perspectiva crítica, sobre todo en las universidades públicas. Esto quiere decir que estamos mirando especialmente la reproducción de desigualdades, aquellos fenómenos y procesos sociales que cuestionan el orden social existente, que van señalando las violencias y las dominaciones en una sociedad, que van apuntando a procesos de mayor igualdad. En nuestro propio ADN hay una mirada fuertemente crítica, incómoda para algunos sectores. Estudiamos todo aquello que nos quieren hacer creer hoy que es prácticamente el norte natural de las sociedades que vienen. Y nosotros sabemos que las sociedades son construcciones de los seres humanos, que no hay nada inevitable.

E.T: ¿Qué responsabilidad o autocrítica le cabe a la universidad pública en este presente?

L.C: Tenemos una responsabilidad mayor porque somos una institución que se dedica a producir conocimiento crítico. Creo que hoy la tarea es comprender lo que nos pasa, comprender por qué pasa lo que pasa. Por qué esta desafección democrática creciente en algunos sectores, por qué aparecen estos personajes tan ajenos incluso a nuestras culturas políticas con este caudal de votos y de legitimidad. Hay que mirar con mucha lupa a los proyectos y programas políticos que se han puesto a conducir el país en los últimos años. Cuántas promesas rotas en nuestra democracia, cuántas cosas que son muy importantes para la población no se consiguieron transformar. El desafío es comprender el porqué, pero sobre todo también ofrecer la idea de que hay otros futuros deseables y posibles.

Julio Pereyra/Enfant Terrible.

La salud mental en problemas

E.T: En la propuesta de VAMOS está incluido un programa de salud mental. ¿A qué se debe su importancia en lo programático?

Liliana Córdoba: Nosotros tenemos una creciente problemática de salud mental tanto en la población estudiantil como en la de trabajadores de la universidad, docentes y no docentes. Hay un conjunto de indicadores y de datos que están en el aula, en la cantidad de pedidos de licencia por esas características, que están a la hora de sentarse en un examen y tener muchos estudiantes con ataques de pánico. Postpandemia me parece que tuvo un salto enorme. Pero también tenemos una sociedad que está atravesada por crecientes problemas de salud mental que están en datos de consumos de ansiolíticos, de crecimiento en los suicidios; un conjunto de datos que son la punta del iceberg, con un desfinanciamiento también de todas las políticas públicas ligadas al área.

Ahí la universidad tiene dos tareas centrales. Una es atender a su propia población. Nosotros no podemos seguir teniendo docentes que no sepan cómo reaccionar o trabajar en el aula con estudiantes que tienen estas dificultades. No podemos no atender a la situación de los propios docentes que están cada vez más precarizados, saltando de un trabajo a otro con muchas dificultades para llegar a fin de mes. Pero al mismo tiempo, no podemos tener una universidad que no se pronuncie y no trabaje de manera más activa y comprometida con los problemas de salud mental de la población en general. Hoy la universidad no tiene nada más que un área de derivación que está saturada, que satura cuando deriva al sistema público, que también está saturado. No existe una política institucional en salud mental.

Comunicación democrática en tiempos de odio

E.T: Tenés una bandera histórica por la comunicación democrática. ¿Cuál es la importancia que le das en estos tiempos de autoritarismo, redes sociales y discursos de odio?

L.C: La idea de democracia es centralmente una era comunicacional. Es la posibilidad de participar todos y todas con nuestra voz, nuestra palabra, en la construcción de esa idea de bien común. No hay democracia sin una comunicación democrática; no hay democracia si todos los sectores de una sociedad no pueden expresarse, si no tenemos un real y un verdadero acceso a la información relevante para tomar decisiones, para construir nuestra opinión. Y hoy lo que vivimos claramente es justamente todo lo contrario.

El ataque sistemático y persistente al periodismo es inusitado. El desfinanciamiento que se le hizo a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual está vigente y sin embargo es otra ley que no se aplica. Un gobierno que alienta a una forma de comunicación pública que es profundamente antidemocrática, agresiva, violenta, cruel, y que apunta al exterminio simbólico del otro. Y nosotros sabemos cómo del exterminio simbólico a otro tipo de exterminio hay un paso muy corto. Con mucha preocupación estoy viendo un creciente autoritarismo en la conversación pública.

Por eso es muy importante la labor de medios comunitarios y cooperativos que alientan otras formas de comunicación. Vos vas viendo que en cada una de las áreas hay una coherencia en esa política de ataque a lo común. Quizá nos ha faltado, y será la tarea sobre todo en los tiempos que vienen, mayor articulación entre esas luchas y sectores que estamos viviendo esos ataques. Ahí la tarea de los medios de comunicación y de los espacios de comunicación es central, porque hace visible para los otros esas problemáticas comunes.

Foto de portada: Julio Pereyra/Enfant Terrible.

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