La bajante del Paraná: crónica de un río moribundo

La bajante del Paraná contada a través de las fotografías y vivencias de un rosarino residente en Ámsterdam. El regreso al río como una experiencia de reconstrucción de vivencias. El nexo con el agua, la flora y la fauna de la ribera como un pedido urgente de acción climática. Una crónica de Guillermo España para Enfant Terrible

Por Redacción Enfant Terrible |

🕒 6 minutos de lectura

Vídeo, texto y fotografía por Guillermo España para Enfant Terrible

Nací y crecí en Rosario, Argentina, hasta los 22 años. A esa edad migré por primera vez. Los recuerdos más lindos de mi infancia y -temprana- juventud están intrínsecamente relacionados al río Paraná y sus islas. Recuerdos de mi vieja llevándome a pasar el día a la Florida o a la Rambla Cataluña; de mi viejo en la Fluvial enseñándome a pescar mojarritas y años después yendo a acampar a la isla. Era mediados de los 90s, cuando no había nada, ni paradores ni bares, sólo isla, eso era todo. Cuando pienso en Rosario pienso en el color del río. 

A medida que fui creciendo, mis amigos y yo empezamos a ir al rio sin adultos. A los 11 años fuimos a acampar solos a la isla por primera vez. En la noche escuchamos jabalíes y cayó un diluvio torrencial que nos llenó de miedo y adrenalina al mismo tiempo. A la mañana siguiente, el sol, y el río, siempre el río. 

Enero de 2022, Ámsterdam. Los inviernos en Países Bajos son duros, -sobre todo en pandemia-. Temperaturas bajo cero, mucha lluvia y todo cerrado. Pero lo peor es la falta de sol. Sale entre las 8 y las 9 y se pone a las 16 o a las 17. A diferencia de Rosario, el sol escasea. 

Para combatir el frío me propongo hacer un guiso de lentejas. Antes de cocinar busco algún podcast para escuchar de fondo. Veo que mi programa favorito tiene nuevos episodios, una trilogía sobre los incendios intencionales en las islas. No lo dudo. 

El podcast cuenta sobre las quemas en las islas del Paraná, relacionadas al cultivo de soja y la ganadería. Las llamas arrasaron con centenas de especies de flora y fauna y pasaron por más del 700mil hectáreas. A esto se suma la bajante histórica del río. Lagunas y arroyos que actuaban de cortafuegos ya no están. El río se está secando. Me vienen aquellos recuerdos de la infancia, de repente me entristezco mucho. 

Durante el segundo episodio comienza a hablar una científica experta en el tema. Su voz me es familiar, es Graciela, una amiga muy querida con quien hace años que no hablo. De repente me emociono. Quizas es la distancia, quizas son las islas quemadas, quizas es un ser querido que estudia y defiende mi amado rio… Se me caen unas lagrimas y le mando un audio a mi amiga:

 – Hola Graciela, te habla Guillermo España ¿cómo andás tanto tiempo? Che, te cuento que estaba escuchando un podcast sobre los incendios en las islas y de repente apareciste vos! Casi me muero de la emoción! Yo sigo en Ámsterdam y justo hace unos meses pensaba en que me encantaría estar en Rosario y hacer un registro fotográfico … Bueno, nada, te felicito y te mando un abrazo enorme –A los 5 minutos me respondió: 

–Guille querido! –con acento misionero– ¿Cómo andas tanto tiempo?! Qué alegría escucharte! Muchas gracias por las felicitaciones, fue todo muy loco, yo nunca fui muy de hablar para la prensa ni en público jaja. La verdad es que la cosa está muy mal por acá; los incendios, la bajante… Ay, que lindo sería que vengas a sacar fotos! Yo te puedo llevar a los lugares que se incendiaron y contactarte con mucha gente que está en el tema; qué lástima la distancia! –Ella también está emocionada.

Hablando sobre la escritura, Donna Haraway dice en una entrevista que “hay que ir a los lugares heridos”, pero no para nombrar lo arruinado, sino para ser generar cambio, para ser capaces de sanar.  Cuando termino de hablar con Graciela me invade la ansiedad; quiero estar allá, quiero ver y a contar qué le pasó a las islas, a mi río. Quiero ir a ese lugar herido. 

Al día siguiente cumple 40 años uno de mis mejores amigos en Rosario, horas mas tarde de hablar con él para felicitarlo muere su viejo. Le mando un audio a Graciela.         –¿Cómo estás Graciela? che te hago una pregunta, ¿vas a estar en Rosario como dentro de 2 semanas?

–Hola Guille! Si, voy a andar por acá, ¿por? –Me responde. No lo dudo y saco el pasaje. 

No estoy seguro de qué es lo que pienso encontrar en las islas pero en mi mente se esbozan imágenes de vegetación en llamas y gente apagando fuego, algo similar a lo que veía por la tele o las fotos que me mandaba mi viejo desde su balcón. 

Lo que encuentro en las islas, aunque muy triste, es algo un poco menos dramático de lo que imaginaba. Ya casi no hay focos de incendio ¿Qué pasa después del fuego? Quedan los cadáveres negros de los árboles, rodeados de la incipiente maleza que vuelve a brotar. 

–Por lo menos vuelve a brotar– comento durante una de mis expediciones a los humedales con Graciela, José Vesprini y César Massi, tres eminencias en el tema flora y fauna de los humedales. 

–Y, vegetación siempre vuelve a crecer– dice José, remarcando lo ingenuo de mi comentario. –El tema es ver qué tipo de vegetación rebrota qué tipo no, concluye. 

Si bien el paso del fuego me impresiona, no puedo concebir lo bajo que está el río. No soy sólo yo, cada persona con la que hablo tiene algo que decir sobre el tema. Porque a diferencia del fuego, la bajante continúa y está en su pico histórico.   

–Mientras sigan deforestando en el norte de Brasil y en la región geográfica del Chacho para plantar soja, esto no va a mejorar –dice Graciela–. Los bosques concentran humedad, esa humedad se evapora y luego se precipita en forma de lluvia. La miro y asiento con la cabeza, mi amiga no parece esperanzada. 

Un maña salgo a caminar por el río, o por donde pasaba el río. Me encuentro con un isleño, me saluda y después de una pausa me dice: 

–Qué bárbaro ¿no? –No hace falta aclarar a qué se refiere

-Increíble. Se puede ver a los peces atrapados en los charcos de agua. Contesto. 

-Pobres bichos- Me responde el isleño mientras mira para bajo haciendo un gesto de lamento con la cabeza. 

-Lo había visto así de bajo alguna vez? –Pregunto, un poco ya sabiendo la respuesta.

-Nunca. Y hacía mucho que no salía a caminar. Que tristeza –.Le pido permiso para sacarle una foto. Accede y posa como si lo hiciera todos los días. Le doy las gracias y nos saludamos. 

-Ojalá mejore- Murmura mientras continúa con su caminata. Ojalá mejore. 

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