Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra


No es noticia ni extraño que desde hace tiempo, mucho tiempo, hay lobby para instalar la industria petrolera sobre la costa argentina. Lo que sí es novedad, es que casi no quedan impedimentos legales para que Equinor avance en la exploración sísmica sobre la Cuenca Argentina Norte. Si bien la medida cautelar -todavía vigente- era ambigua, no permitía que la empresa noruega pudiera avanzar, porque solicitaba al Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MAyDS) que realice una declaración ambiental complementaria.
Finalmente. esta declaración fue presentada el 5 de agosto y la justicia deberá resolver próximamente si permite a las petroleras avanzar en las prospecciones. En la última audiencia convocada a fines de mayo, diferentes sectores empresariales, gobierno nacional, municipal y algunos sindicatos demostraron su interés en la instalación pronunciándose decididamente a favor. Con el argumento de ser una industria "estratégica en términos económicos, productivos y necesaria para el desarrollo energético".
Otros sectores plantean grandes inquietudes y resistencias. Una primera preocupación tiene que ver con la etapa inicial del proyecto: la exploración sísmica. El OPSur (Observatorio Petrolero Sur) explica que “consiste en un método de exploración geofísica que utiliza ondas sonoras extremadamente potentes y de muy baja frecuencia para producir imágenes de las rocas bajo la superficie de la tierra”.
Es un método con alto riesgo de impacto negativo sobre el complejo ecosistema marino, principalmente para la fauna de la zona –incluyendo las especies comerciales-, ya que puede generar abruptos cambios en sus patrones de ocupación y distribución geográfica. Es irrisorio pensar que este tipo de actividad no tendrá consecuencias sobre la actividad pesquera, una de las principales fuentes económicas de la ciudad de Mar del Plata.
Por otro lado, aunque la empresa declare que las posibilidades de derrame durante todo el proceso son prácticamente nulas. Desde el OPSur insisten en ver la realidad donde ya existe la exploración offshore: “En Brasil, la exploración y la explotación petrolera…han dejado como legado un reguero de impactos y conflictos socioambientales de grandes consecuencias”.
Con una mirada global indican: “A las descargas de petróleo en las aguas costeras y de altamar se suma todo el complejo de refinación de hidrocarburos: usos, quemas y descartes de los derivados, como plástico, gasolina, diesel, nafta, kerosén, lubricantes, fertilizantes, cosméticos, ansiolíticos, además de las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero de los cuales el principal responsable es el petróleo que afecta a la sociedad local y global y se relaciona directamente con distintas enfermedades, principalmente con el cáncer”.
Otro aspecto en debate tiene que ver con la generación de puestos de trabajo. Algo no menor, para una ciudad turística que tiene en sus haberes uno de los principales índices de desocupación del país. Mientras que sectores empresariales hablan de “oportunidad para alcanzar el pleno empleo en un futuro” y una relación de 5 a 1 en términos de trabajo indirecto y directo. Desde la Asamblea por un Mar Libre de Petroleras ponen en discusión desde la perspectiva de pensar si se trata de trabajo estable u ocasional para la etapa de construcción de las futuras plantas productivas en detrimento de los trabajos
regionales ya existentes.
¿Cuál es la ciudad que queremos habitar? En definitiva, parece que de esto se trata el conflicto. Por un lado un proyecto a corto plazo ante la necesidad de divisas, y por otro, la planificación de un desarrollo sustentable. Por el momento, lo que desde el 4 de enero se conoce popularmente como el Atlanticazo sigue pujando y tiene nuevos capítulos por escribir.
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