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Argentina vs Inglaterra: dos siglos de saqueo imperial y resistencia nacional
El reino que ocupa el 25% de nuestro territorio bicontinental tiene una larga historia de saqueo, dominación y violencia contra nuestra tierra santa. Banqueros, corsarios e invasores, los mal llamados piratas son el principal enemigo de la Argentina y los grandes boicoteadores de la soberanía efectiva nacional
El año 2026 nos ha permitido conmemorar con números redondos algunos hitos argentinos de confrontación hacia la corona británica y su hostilidad hacia nuestra tierra.
La primera invasión inglesa hace 220 años; la victoria en la Batalla de Punta Quebracho hace 180 años; al igual que la presunta muerte del gaucho Rivero ese mismo año; el Tratado Edén-Malbrán, continuación del pacto Roca-Runciman, cumplió 90 años; en dos meses se cumplen 60 años de la gesta patriótica de nuestro operativo Cóndor; y por supuesto se cumplen 44 años de la gloriosa gesta de Malvinas y 40 años del mundial inolvidable de 1986 donde una selección de guerreros con un Dios mortal ganó el partido del siglo.
Pintura que recrea la rendición de Beresford, frente al Cabildo, obra de Charles Fouqueray, 1909.
Pasado de lista
El catálogo de hechos que demuestran la relación colonial con el país insular europeo es extenso. Por ejemplo, el año pasado se celebraron, con bombos y platillos en el Teatro Colón, los 200 años de la relación diplomática entre ambos países. Este acto cipayo y protocolar no debe soslayar la importancia intrínseca de señalar la injerencia británica en el territorio sudamericano y el llamado Sur Global.
¿Por qué podemos afirmar que la insistencia británica en nuestra tierra austral es especial y nos diferencia de otros países? ¿Por qué hay gente que repite que el conflicto con Inglaterra es solo por las Islas Malvinas? Si así fuera, ¿no es motivo suficiente para no tener relaciones con el estado agresor y asesino?
En la primera fila: Quirno, Sturzenegger, Cúneo Libarona y Diego Golombek, en la celebración por los 200 años de las relaciones diplomáticas entre Argentina y el Reino Unido.
Hay muchas hipótesis y maneras de explicar de porqué Argentina está en la situación actual; su posición en la arena internacional; y sus capacidades económicas.
Las posiciones más reaccionarias y populares en los grandes flujos de comunicación moderna resaltan que los gobiernos peronistas -malos y populistas- truncaron la posibilidad de la grandeza nacional. Otros culpan a la idiosincrasia cultural argentina, acusandonos de vagos, quilomberos e indios; también está la culpa a las naciones vecinas con sus políticas y migraciones, la variable de la xenofobia presente.
Acá, nos atrevemos a decir que la influencia e intromisión del Reino Unido de Gran Bretaña es la variable que más ha condicionado el devenir del país. Vamos a señalar brevemente dos aspectos puntuales: el empréstito crediticio con la banca de Baring Brothers y el rol de la embajada británica en nuestro país.
Niños kelpers colocando una imagen de Peron y Evita, lateral de la casa situada en 37 David St. Argentino, mayo de 1973, Islas Malvinas.
Las cosas por su nombre
Antes de profundizar en los temas puestos en la mesa, una aclaración personal: dejar de hacer uso en vano de la palabra pirata, entiendo que es la palabra más común para referir a los delitos y atropellos ingleses, aún así, hay dos palabras que son más precisas y engloban el actuar de nuestros enemigos durante la época moderna: corsarios y/o genocidas.
Los piratas saqueaban todas las coronas, repudiaban como nosotros, a los monarcas. Tenían un rol antiesclavista y nivelador de clase durante la conformación del capitalismo noratlántico.
El pirata o filibustero es un delincuente como el bandolero, combatió el avance del hombre blanco (inglés, francés, holandés, portugues o español) sobre sus cuerpos, tierras y anhelos. Invasor, genocida o corsario son las figuras adecuadas para entender el devenir político y económico actual de El Caribe, Sur Global y, también, respecto a la ocupación ilegal de las Islas Malvinas, San Pedro y Esquivel.
El gobierno colonial británico en la India, responsable de la muerte de más de un millón de indios
El puerto y la deuda
Gracias a la influencia inglesa en nuestra historia material y cultural podemos entender el mito del granero del mundo o al menos contextualizarlo.
En 1822, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodriguez (unitario) contrajo la primera deuda externa del país, con el banco inglés Baring Brothers. El empréstito se tomó para la creación de las redes cloacales de la ciudad y del puerto de Buenos Aires, el cual se construyó 60 años después. El préstamo -que llegó incompleto-, terminó usándose para financiar la guerra contra Brasil; la creación del Banco Nación (antecedente del Banco de la Provincia de Buenos Aires); y para pagar a financistas privados. Bernardino Rivadavia -que era secretario del gobierno de la provincia- cuando asumió la presidencia de las Provincias Unidas del Sur, reunió a los propietarios de las tierras de la pampa húmeda y a los ingleses que habían tomado control de la banca creada por él y su predecesor, trató de reconducir las cargas y consecuencias de la deuda. No logró ningún acuerdo, tal vez no quiso. Entonces se profundizó el hueco crediticio y se allanaron las condiciones para que el latifundismo sea la regla en nuestro país.
Esta combinación de dominio en la sombras del mundo crediticio y comercial inglés, junto a la complicidad y falta de amor patriótico de la clase propietaria-patricia del puerto, sentaron las bases para que el mito, antes mencionado, fuera cada vez más real.
Retrato de Martín Rodríguez
La embajada de Troya
El inicio de una relación comercial desigual e imperialista se cimentaron en 1833. Nueve años después del acuerdo con el banco inglés, los corsarios ocuparon ilegalmente las Islas Malvinas, solo la valentía de la tropa comandada por el Gaucho Rivero en ese año, la de militantes peronistas del Operativo Cóndor, yla presencia militarargentina en 1982, interrumpieron el saqueo que prontamente cumplirá 200 años.
A pesar de esta acción, que es casus bellis, las gobernaciones argentinas por presión interna, inteligencia diplomática y conveniencia ideológica, mantuvieron las relaciones con la corona de Londres, interrumpidas durante la Guerra del Paraná.
La embajada británica siempre supo tener muy buenas relaciones con la Sociedad Rural Argentina y los terratenientes más importantes de cada provincia, acto seguido los conectaba con los intereses comerciales de los financistas y representantes de empresas estratégicas inglesas. Habemus modelo agroexportador, República en venta.
Operativo Cóndor
Percy Clinton Sydney Smythe, representante británico en nuestro territorio durante la independencia, inaugura las relaciones con aquellos gobernantes que adulaban las islas del Mar del Norte. Desde el ofrecimiento territorial de Carlos María de Alvear hasta la firma de los acuerdos comerciales en la década de 1930, la simbiosis y relación extorsiva entre mandatarios y clases altas argentinas con la política exterior inglesa fue forjada, salvo excepciones de interrupciones patrióticas que apenas tuvieron éxito.
Recién en 1945 con la consolidación de la figura de Juan Domingo Perón,laposición británica(con Reginald Leeper como embajador) empezó a mirar con recelo la posición soberanista de un gobierno que no iba a acceder a todas las condiciones saqueadoras de la corona de Windsor.
No hay pruebas fehacientes del apoyo británico a los militares golpistas de 1955. Estos últimos, cambiaron el rumbo de una Argentina que aspiraba tener una proyección de poder y desarrollo económico propio. No dudamos de que la embajada británica haya celebrado el golpe, ya que el debilitamiento industrial, logístico y financiero de nuestro país alejaba la posibilidad real de poder reclamar con solidez y poder disuasorio contra la Royal Navy, la soberanía de nuestras islas australes y el territorio antártico.
Bandera argentina en el cementerio de las Islas Malvinas
Memoria y justicia mundial
Es de hecho, no de opinión, que fuimos el patio sureño de los ingleses durante 110 años, después compartidos con su hijo bastardo los Estados Unidos de Norteamérica. Nos han usado, usurpado y bombardeado con su poder militar, político y económico. También con soft power: música, deporte y creaciones audiovisuales de banderas.
El odio que hay hacia el estado inglés desde Irlanda, Papúa Nueva Guinea, las islas del Pacífico, la costa oriental y occidental africana, Malaysia, India, Sri Lanka, Bangladesh, China, Guyana, las Islas Caribeñas, sus propios vecinos europeos y con muchas razones, Argentina, nos delata algo: no son rivales, son enemigos del Estado.
Hasta que la última garra del imperio anglosajón siga en nuestro territorio, la corona británica tendrá quienes le van a presentar batalla desde las latitudes australes de la Tierra. Por respeto y admiración, apenas nombramos la gesta de Malvinas de 1982. Consideramos que los veteranos protagonistas y especialistas son quienes deben relatarnos y explicarnos acerca de los pormenores de todo lo que allí ocurrió y sus consecuencias.
Batalla de Vuelta de Obligado
No debemos olvidar que las atrocidades de la casa de Windsor y sus lacayos empresariales han dañado prácticamente a todas las poblaciones que hayan habitado el planeta. Son y fueron la bandera de un modelo económico y político que premia la brutalidad, el robo y el egoísmo, posteriormente veladas por la propaganda de caballerosidad y palabras grandilocuentes de cabildeo.
Dejamos unas preguntas disparadoras para que las reflexiones colectivas trasciendan más allá de la contienda futbolística.
¿Habrá un proyecto nacional que enfrente realmente las problemáticas acá planteadas? Más allá del fútbol ¿Qué herramientas podemos afiliar para avivar la llama malvinizadora y patriótica? ¿Volveremos a cometer el error de colgarnos de la estela del imperio en decadencia como hicimos bajo la presidencia de Agustín P. Justo? ¿Nuestra proyección a la Antártida es compatible con la presencia británica en nuestras costa suratlántica? Para defender nuestra presencia ininterrumpida en el territorio antártico: ¿Con quien nos vamos a aliar?
Que el partido sea un pretexto para poder abrazar a los argentinos que más amamos, con los que compartimos y con quienes deseamos quebrar las cadenas que ya supimos romper y usar para hacerlos correr.
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