Festival Mediterráneo: “un reflejo de quienes somos en la vida real”

El Festival Mediterráneo se realizó durante la última semana de abril, en Club Paraguay. Primera fecha XXL organizada por la productora "Esto no es cine" que viene haciéndose un lugar, junto a las bandas que reúne de diferentes puntos del país, desde el 2024. Hijos del aislamiento social preventivo obligatorio que renacieron en el punk

Hay una generación sedienta de música, de arte, de ritmo, de ira, de cualquier cosa que se mueva por fuera de las redes. La pandemia paró todo, principalmente el encuentro, la conversación, el patear la calle. Si algún lector rompió la cuarentena, sabrá por experiencia propia que el escenario parecía el desierto neblinoso de Silent Hill.

La adolescencia también se detuvo. Una juventud parada por un virus invisible. Adolecer continúo, lo primigenio del encuentro con la realidad. La quietud fue sobre la exploración con el otro, para salir del agujero interior hay que tener alguien que te estire la mano.

La única alternativa ofrecida fue la virtualidad. Mundo inexplorado para una interacción ilimitada, las redes sociales conformaron una salida posible. Una bocanada de aire fresco que pasó a ser un smoke tóxico. Interactuar con el afuera es el impacto de la conversación, una charla no es un comentario en redes. Salir del nicho de interacciones virtuales para palpar la reacción ajena del gesto.

Esto que parece alejado de la cultura, de la música y del arte, es el revés de la limitación de la literalidad de las redes sociales. La música, el teatro, el cine forman parte del lenguaje compartido de la cultura. Escuchar un tango forma una escena de un tiempo que no se vivió pero se siente real, la firmeza del rock forjó actitudes e identidades, la cumbia un espacio de distensión y reivindicación de la industria callejera nacional.

De hecho, en está primera parte del segundo cuarto de siglo, la sublimación a través de la música fue un canal de comunicación. La única distinción en estos momentos entre lo “mainstream” y el “under” es cómo capitalizan los artistas; no ya la producción y distribución a través de disqueras como lo era previo a la internet.

La democratización de la producción y la distribución fue y es una oportunidad para que bandas o artistas de localidades alejadas de las grandes urbes, puedan ser escuchadas en diferentes partes del mundo; sin embargo, la distribución de los ingresos se redujo. El capital aprieta pero no ahorca.

Entre esas nuevas generaciones se forjaron nuevos artistas con ansias de cantar lo que el distanciamiento provocó: una época de hiperconexión sin contacto. De estar encerrados en piezas a tocar en escenarios; de proyectar un escenario, al encuentro, al tacto, al calor humano, a la excitación y el deseo. Bandas para un mismo festival: Mediterráneo.

Fotografía por: Yamila Murias

Las bandas entre el público

El Festival Mediterráneo se realizó durante la última semana de abril, en Club Paraguay. Primera fecha XXL, organizada por la productora Esto no es cine que viene haciéndose un lugar, junto a las bandas que reúne de diferentes puntos del país, desde el 2024. Hijos del aislamiento social preventivo obligatorio que renacieron en el punk.

“Lo lindo es que en Córdoba se fue conformando una escena muy variada y pudimos tocar en la mayoría de espacios. Nos aceptaron, nos dan buena onda, mucho aguante de distintos sectores como el hardcore, punk, metal. Es lindo sentirse acompañado”, comentan Julián y Mateo Pautasso, integrantes de Chunkans.

Julián y Mateo Pautasso - Chunkans: Fotografía por Emiliano Álvarez

Los festivales despiertan sensaciones encontradas, para algunos es la posibilidad de que te conozcan nuevos oyentes, para otros significa un distanciamiento de la cercanía de quienes te siguen de hace tiempo. De igual manera, preguntar al público “por quién vienen” es sacar de lugar al espectador para volverlo un consumidor de su propio nicho. Qué mejor que encontrarse con un amigo que vino por otra banda o conocer a los músicos que están entre el público, apoyando a sus colegas.

“Hoy disfrutamos buscar el lado de decir bueno estamos dispuesto a tocar donde haya buena disposición, compartir, transmitir un mensaje político. Una de las últimas fechas del PTS, tocamos cuatro bandas y la recaudación fue a un pueblo del sur afectado por los incendios. Abordamos una visión más amplia del under y formar parte de lo que se construye”, continúan Julián y Mateo.

Las Tussi. Fotografía por: Federico Gionco

Quien dice que el arte no es un trabajo es porque no se dio cuenta que es un laburante, podría ser la síntesis de la conversación que mantuvimos con Ana, Mecha y María de Las Tussi, banda punk marplatense, quienes comentaron que si la discusión de dos años atrás era la integración de mujeres en las grillas de festivales y en el contrato de la técnica y armado de los escenarios, hoy es la crisis generalizada que afecta directamente a la cultura del país.

“Nos parece un garrón pechar por el cumplimiento de una ley, cuando hay un montón de pibas dentro del rubro, pero cuando los derechos más básicos están siendo eliminados, qué vamos a estar hablando de esto cuando están haciendo mierda el país”.

Es que no da igual hacer música, pensar una propuesta artística, cuando el público y las propias bandas se preguntan ¿para qué? Esa también es la importancia del encuentro y del reconocimiento entre las partes, tanto de quien quiere hacer algo más que ganarse el mango y quienes pagan una entrada para cantar, moverse, desahogarse y sentirse parte de algo más grande.

“Está todo mucho más difícil. Es otro país desde hace dos años. Valoramos un montón el laburo en estás propuestas y que la gente compre una entrada, dice mucho de que la música es lo mejor que hay”, sintetizan Ana, Mecha y María.

Mecha Touceda - Guitarrista y cantante de Las Tussi. Fotografía por: Yamila Murias

Pogo en el fin del mundo

En la noche del Mediterráneo dijeron presente 1000 personas, en el recinto de Club Paraguay caben 1200. 5 horas ininterrumpidas de música, 6 artistas: Amigo Piedra, Buji Molas, Sakatumba, Chunkans, Las Tussi y Winona Riders. Entre banda y banda, las y los espectadores descansaban sus piernas, hasta que llegara el próximo show.

Una eternidad esperé este instante solía decir Cerati cuando se encontraba con el público. El ritual que antecede al frenesí: el pogo, lenguaje corporal en su máxima expresión para una ciudad en furia. La única testigo: La Cañada.

Las Tussi. Fotografía por: Emiliano Álvarez

Volver a la raíz, donde la música y la protesta emerge, ebulle. En sus mejores épocas de ocurrencia, Calamaro decía que la música es el único lugar seguro; lo mismo se podría decir de la pintura, de la fotografía, del arte en general. Aunque también se la puede considerar una necesidad o el éxtasis después del amor, antes de reproducir otra vez la canción. Siempre esperando por un nuevo recital que nos encuentre en el pogo.

“Es un reflejo de quienes somos en la vida real”, concluyen Las Tussi.

Profesora y licenciada en psicología (UNC). Me dicen Chora. Editora de Género y de lo que se presente.

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