Un mundo cada vez más convulsionado; guerras, atentados, desplazamientos forzosos y crisis que se desarrollan en tiempo real frente a millones de espectadores. Una pregunta aparece con insistencia en los debates públicos, en las redes, en las sobremesas ¿y China? ¿Por qué no actúa en Venezuela? ¿Por qué no interviene a favor de Irán?
La política exterior de Beijing no se entiende sin su historia. Desde la llegada de Xi Jinping en 2013, China atravesó una profunda redefinición de su identidad internacional. Un cambio que transformó la manera en que el mundo percibe su presencia global. Pero esa renovación no es una ruptura, es la última capa de una arquitectura diplomática que viene construyéndose desde Mao Zedong, con Zhou Enlai liderando la diplomacia china y los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica:
Respeto a la soberanía; No agresión; No injerencia en asuntos internos; Igualdad y beneficio mutuo; Coexistencia pacífica.
La Comunidad de Destino Compartido para la Humanidad
La propuesta china para el orden internacional tiene un nombre: la Comunidad de Destino Compartido para la Humanidad. Una noción que se convirtió en el eje normativo de toda la política exterior china y que parte de una premisa poderosa, precisamente, por su claridad: los países del mundo comparten un destino común y, por lo tanto, deben construir un orden internacional basado en la cooperación, el beneficio mutuo, el respeto a la diversidad y centralmente el rechazo a la imposición de un modelo único.
Esta premisa condensa décadas de pensamiento diplomático chino, la «paz y desarrollo» de Deng Xiaoping, el «nuevo concepto de seguridad» de Jiang Zemin, el «mundo armonioso» de Hu Jintao. Cada generación de líderes legó su aporte. Xi Jinping la sintetizó y la proyectó como propuesta al mundo.
Detrás de esta proposición hay además una tradición filosófica milenaria. El concepto chino de Tiānxià 天下 «todo bajo el cielo» propone un orden mundial basado en la legitimidad moral y la armonía, no en la coerción ni en la imposición. Una visión donde la unidad no exige uniformidad.
Mao Zedong (izq.), fundador de la República Popular China, junto a Deng Xiaoping (der.), futuro artífice de las reformas económicas que transformaron el país. Fotografía tomada alrededor del año 1959 por Hou Bo.
La propuesta de China no es destruir el orden internacional existente. Es transformarlo gradualmente hacia un sistema multipolar donde el desarrollo, la seguridad y la convivencia entre civilizaciones dejen de medirse con la vara de un único modelo, el occidental.
Para materializar esta visión, Beijing ha desplegado una arquitectura de instrumentos que combina iniciativas de infraestructura, mecanismos financieros y marcos de cooperación internacional, a través de los cuales busca traducir su propuesta conceptual en capacidad de acción.
Banco Asiático de Inversión en Infraestructura.
La Ruta de la Seda: el gran instrumento de Beijing
En 2013, a pocos meses de asumir la presidencia, Xi anunció durante una visita a Kazajistán «La Franja Económica de la Ruta de la Seda» y, poco después, en Indonesia, «La Ruta Marítima de la Seda del siglo XXI». Ambas iniciativas dieron lugar a «La iniciativa de la Franja y la Ruta», la BRI (conocida por sus siglas en inglés) recupera el legado histórico de la antigua Ruta de la Seda, ese corredor milenario de intercambio de personas, mercancías y conocimientos y lo proyecta al presente.
La construcción de rutas, líneas ferroviarias, puertos, aeropuertos, infraestructura digital. La iniciativa busca tejer una red de conectividad global que tenga a China como nodo central. Hasta 2023, más de 140 países se habían sumado formalmente, desde África Subsahariana hasta América Latina, desde Europa del Este hasta el Ártico.
Crecimiento comercial chino en el siglo XXI. Infografía: Varonoi.
Lo que distingue a la BRI de la cooperación tradicional es su lógica, más que su escala. Se presenta como asociación y no como ayuda. Trasciende así lo meramente económico para proyectarse en los planos simbólico y geopolítico. En ese sentido, también opera como un instrumento de disputa narrativa frente a la «teoría de la amenaza china», al proponer un orden internacional armónico y próspero basado en el beneficio mutuo, con la iniciativa como su principal vehículo de proyección.
En esa línea, Schulz y Staiano (2022) sostienen que «la iniciativa deconstruye la división tradicional de roles entre países más fuertes y más débiles, dando voz a los pueblos de áreas históricamente marginadas en la construcción de las normas del derecho internacional, como África, Eurasia y América Latina».
Infografía: Defensa.com
Las nuevas reglas del juego financiero
Junto a la BRI, China construyó una arquitectura financiera alternativa. En 2014 creó el Nuevo Banco de Desarrollo en el marco de los BRICS y el Fondo de la Ruta de la Seda. En 2015 fundó el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, una alternativa directa al Banco Asiático de Desarrollo, históricamente dominado por Estados Unidos y Japón.
Tres iniciativas, una misma dirección
En la década del 2020, Beijing amplió su propuesta con tres iniciativas de alcance normativo. En 2021 lanzó la «Iniciativa de Desarrollo Global», orientada a la cooperación en desarrollo sostenible. En 2022 presentó la «Iniciativa de Seguridad Global», que propone una seguridad internacional indivisible: ningún país puede construir su seguridad a expensas de la de otros. Y en 2023 lanzó la «Iniciativa de Civilización Global», que promueve el respeto a la diversidad cultural y el diálogo entre civilizaciones frente a la imposición de un modelo único.
Las tres apuntan en la misma dirección, disputar los marcos normativos dominantes y ofrecer una visión alternativa del orden mundial, a la hora de pensar y discutir sobre el desarrollo, la seguridad y la convivencia entre culturas.
Shenzhen, megaciudad china de más de 17 millones de habitantes.
La Comunidad de Destino Compartido para la Humanidad, la BRI, los bancos alternativos y las tres iniciativas globales componen una estrategia de largo plazo (construida por sucesivos liderazgos chinos) que bajo Xi Jinping adquirió una forma más asertiva y propositiva sin abandonar sus principios históricos.
El argumento que sostiene toda la postura de la diplomacia china es, en gran parte, histórico. A diferencia de las potencias occidentales, no hay registro historiográfico de que China haya invadido a otra nación para imponerse e imponer sus modos.
El modelo político y económico vigente en China no busca ser exportado. Está forjado en la historia e idiosincrasia de su pueblo y ha demostrado que funciona. Cada pueblo debe elegir su propio destino.
Mientras Estados Unidos introduce volatilidad e incertidumbre al sistema internacional, Beijing apuesta a una construcción silenciosa pero sostenida. En un escenario global cada vez más fragmentado, la previsibilidad se convierte en una forma de poder.
May Sarton rompe todos los criterios curatoriales que veníamos trabajando en Casa Chuncana. No es una escritora contemporánea (vivió de 1912 a 1995) ni es una editorial independiente (Gallo Nero es una editorial española bastante bien posicionada en el mercado). Entonces, ¿por qué recomendar su libro “Anhelo de raíces”?
El viernes 19 de junio, a las 20.30 horas, en el Cineclub Municipal Hugo Del Carril (Bv. San Juan 49, Córdoba) estrena el largometraje documental “La Yegua de Troya (Existimos, les guste o no)” de Santiago Sarmiento. El film recorre algunas de las presencias de Maite Amaya, militante social, travesti-trans, piquetera, feminista y anarquista
Manuel Adorni se debe estar preguntando por qué no siguió "haciendo negocios" en el sector privado. Las acusaciones por enriquecimiento ilícito y bienes no declarados se renuevan como el pan de cada día. La justicia encontró vínculos en la arrenda de Tecnópolis por 25 años, en los que estarían implicadas Bettiana Angeletti, Karina Milei y su secretaria, Mara Morini, por $55.000.000
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