Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra

Siempre son más o menos las mismas preguntas: ¿Cómo llegamos? ¿Para qué alcanza? ¿Te alcanza? ¿Llegaste? ¿Estás ahí?
Las conversaciones cambiaron, los sentidos son otros, la obviedad se explica y la complejidad se reduce a 15 segundos, más no, porque “se distraen”. Ya no se conversa, se “comunica”. Todo pasa por la asertividad del mensaje, “decime que me entendes”, es el slogan. Males de época para un cuarto de siglo hipernarrado. Todos recomiendan, ¿alguien escucha?
El volúmen alto de la tele, los auriculares al máximo, estímulos. Horas culo en la silla, mirando reacciones de reacciones de reacciones de un videojuego de guerra, de la parodia del presidente, del presidente parodiándose a sí mismo. Una grilla de recomendaciones para cada espectador. Del otro lado, un adolescente que juega los mismos juegos de guerra, pero la parodia ya no es sobre el presidente; lo quiere, lo respeta, lo admira, le presta atención.
Entra a un vlog “varones unidos”, se lo recomendó un amigo, que se lo recomendó un primo que dice no haber hecho nada, que es “inocente”. Él le cree, hasta piensa que cualquiera puede ser una “kuka feminista”. Se lo toma tan en serio, que ahora habla de “falsas denuncias”, que hay “base empìrica, datos”, que la batalla cultural es un hecho fáctico.

La comunicación asertiva reemplazó a la conversación. Si no decís lo que quiero oír, te digo que estás equivocada, que no entendés, que exageras. ¿Cuántas veces escucharon relatos similares? Amigas de amigas, primas, hermanas, tías, madres, todas tienen en su prontuario un cuestionamiento de preguntas asertivas. “Déjame que yo te explique”, “no es para tanto”.
Las reglas del juego son otras. Ahora se puede decir sin hacer, se puede estar en varios lugares al mismo tiempo, sin estar en ninguno, se puede ver una película, escuchar música, likear una foto, en simultáneo. Todo al mismo tiempo, todo pasa por nuestros ojos hasta perder el interés, hasta obviar el grito agudo de la vecina.
Se puede obviar la realidad cuando se entra en la virtualidad, lo que no se puede es desconocer lo que sucede cuando la virtualidad toma forma real. Una mirada de complicidad porque en aquella esquina hay un chabón tocándose en la vía pública, el llanto contenido de la vecina después del grito agudo, el paso agitado e inseguro cuando se camina sola.
Siempre la misma situación: “avisa cuando llegues”.

El Encuentro Plurinacional es la manifestación de todas esas experiencias juntas sin mencionar una sola palabra de lo sucedido. Tan cotidiano que la carne se tensa y el cuero se endurece como roble. Las miradas son otras: hay reconocimiento, cordialidad, incomodidad, cariño. Somos muchas y nos conocemos todas.
En la psicología escrita por varones, se suele aducir que la masa es un rebaño de personas identificadas a las decisiones de un líder; pocos varones, del siglo XX, se preguntaron cómo se puede construir poder sin que necesariamente exista una única figura de identificación, sino un colectivo de experiencias en común unión. Se le puso “feminismo” para marcar la diferencia del machismo, más la suma de las partes sobrepasan al todo.
No bastó con que sea sólo de “mujeres”, como así tampoco el feminismo se quedó en el sufragio de oportunidades para las “blancas”. Kimberlé Crenshaw lo llamó “interseccionalidad”. Es decir, como diversas problemáticas, género-racismo-colonialidad, comparten algo en común: la desigualdad estructural del poder.
De Encuentro Nacional de Mujeres, se pasó al Encuentro Plurinacional de mujeres, travestis, trans, intersex, no binaries, bisexual. Pluralidad comunitaria. Común acuerdo político con un objetivo en común: llegar al encuentro.
Llegar al encuentro en está situación tiene otro sentido, otro semblante, otro aire. No es la pregunta incómoda de: “¿Amiga llegaste?”, es la pregunta entusiasta de que algo está por suceder. Verse las caras, percibir que no se está sola, que ese rostro virtual toma color, altura y movimiento. Caminar por las calles de manera tranquila, segura. Toda caminata hasta un taller tiene un fin: hacer política.
Si la comunicación asertiva reemplazó la conversación, la virtualidad le puso nombre al tacto: “presencialidad”. La cuarentena fue para evitar el contagio, la distancia fue el signo del trauma. Yo puedo saber que estás en un meet, pero sigo sola. Salir al encuentro es pasar de la pantalla a viajar interminables horas hasta llegar a un terreno desconocido. Está vez fue Corrientes, el año pasado Jujuy, el año que viene: Córdoba.
Organizar un encuentro de tres días, alquilar un bondi entre muchas para no saber cuándo vas a llegar y que la comunicación virtual quede relegada porque la ciudad colapsa. 70 mil, 100 mil, 150 mil mujeres, travestis, bisexuales, intersex, lesbianas, en un mismo sitio. No sabremos nuestros nombres pero sí las intersecciones de nuestras historias.
A nosotras también nos atravesó la asertividad y el relato mainstream de la masividad. Contar cuántas fueron y no lo que pasó, cómo sucedió, cuáles son nuestras roscas y disputas. 70 mil personas recorriendo una ciudad desconocida, amontonadas en una misma categoría “feminismo”, debería sorprender a cualquiera. Más no deja de parecer “poco”.
La tensión de siglo es un hecho, nada de lo que suceda es suficiente. Ya no es derrotismo, es resignación y resentimiento. Un “quiero lo que el otro tiene” sin importar el precio. Setenta mil personas no hacen un cuadro político pero sí podrían apretar a un gobierno. Por el momento, se nota que los pedazos rotos se recogieron. Llegamos al encuentro.

Acto de inauguración debajo del sol. En el anfiteatro de Corrientes pareciera no existir la sombra. El Río Paraná está a la vuelta de la esquina, su entrada marca la diferencia de clases: hoteles y casas vacías, 4x4 estacionadas, un casino del tamaño de Tribunales II de Córdoba; a los pocos kilómetros las casitas de chapa, monoblocks y autos abandonados.
Salir del agujero interior es dar con que en esa “federalización”, bajo un Estado Nacional unitario, cada quien se arregla como puede. “Somos una provincia riquísima en recursos y la que más pobreza tiene, 52%”, comentó Eugenia Garssivich, referente de Paso de los Libres, durante el stream de la Red de Medios.
La reforma laboral que entrará en tratativa en el Congreso en los próximos meses viene a sellar la precarización. Si la falta de control ergonómico de las condiciones de esclavitud en la que se encuentran los trabajadores rurales, no es motivo suficiente, habría que sumarle la entrada y salida de sustancias ilícitas por los puertos del río. En todo ello, hay mano de obra barata para el consumo extranjero.
La configuración del encuentro en el litoral correntino tuvo su motivo principal: la trata de personas y el secuestro de Loan. Su desaparición podría haber sido el puntapié inicial para pedir explicaciones al Gobierno Nacional por su negligencia; empero, la contaminación de las pruebas y la imprudencia del sistema judicial, hizo que el prime time dure lo que dura un trending topic: 24 a 72h.
Violencia de género, trata de personas, tráfico de sustancias y narcomenudeo, mano de obra esclava: interseccionalidad. “piensan que somos sumisos, pero nunca vi a un guaraní doblegarse”, comentó Nida Paredez Karai, de la comunidad Ka’aguyty. Tiene razón, el capital confunde sublevación con respeto y el bien común con acumulación especulativa.
Llegar a Corrientes significó entrar en contacto con que todas las realidades están interconectadas. La información en la virtualidad se pierde por lo rápido que va; en la pausa de una conversación está la escucha, el aprendizaje y el silencio de la atención. No hay catarsis, hay política.

Diez años atrás, el Ni Una Menos logró instalar la violencia de género en la agenda pública, así como también entró en diálogo, discusión y acuerdos con el ejecutivo para sancionar y promover leyes para que mujeres y disidencias puedan ocupar cargos públicos o equiparar la brecha laboral, educativa y económica. Sin embargo, en estos casi dos años de gobierno libertario, el único acuerdo que tiene la gestión para con las mismas es: adoctrinar desde la agresión, hasta desentenderse de lo sucedido.
La desigualdad pone un piso, pero no un techo de hasta dónde se podría agravar la situación. No necesariamente es a mayor desigualdad, mayor violencia, aunque lo correlativo del “estado de emergencia nacional” sobre la violencia de género, demuestra que leer la estructura en su conjunto posibilita entender la compleja realidad en la que vivimos.
En el Encuentro Plurinacional una pregunta giro con los mates: ¿cómo construir desde este piso sinuoso? Un aumento del 70% de crímenes de odio hacia mujeres y disidencias, 229 femicidios, uno cada 28-34h, redes sociales atestadas de una masculinidad que profesa ser víctima y victimario del patriarcado. Datos sobran, lo que necesitamos son políticas públicas. Salir del encuentro, ir a la marcha.

La instantaneidad de la información disocia a cualquiera, crea conspiración y corre el foco de los hechos: la desigualdad mata. Es cierto que no se puede estar en todos lados, como así también que, mientras se busca producir herramientas de intervención a la violencia sistemática, matan compañeras. Producir, reproducir, descartar.
En la madrugada del lunes, terminaron de encontrar los restos de Camila Merlo, docente y trabajadora sexual. El rastrillaje comenzó el 16 de noviembre, después que un perro encontrara una bolsa con partes de su cuerpo. El martes 18, un patrullero sin luces atropelló a la fotógrafa trans Treinti. Los policías levantaron su cuerpo y la entregaron en un hospital. La última foto que sacó es del capot de un móvil con un graff: “gatos”. Crónica anunciada.
“Como venimos diciendo, nos organizamos para defendernos porque no tenemos garantías. La justicia llega tarde -cuando llega- y en Córdoba a las trabajadoras sexuales nos están matando”, comunicaron desde AMMAR Córdoba.
¿Qué pasa cuando no llegamos? ¿Quién sale a la búsqueda? Porque no toda mujer es feminista, pero ni así los varones se unen para acompañar las pérdidas. El pacto entre hombres existe, sino no habría tantos dueños y tan pocas presidentas.
Llegar al encuentro, mirarse, saber que estamos vivas y presentes. Las pasadas de pueblo buscan a sus amigas y se alegran de las desconocidas cuando llegan a sus casas. No matan, hacen política para dejar de contar muertas.
Fotografía de portada: Debora Cerutti y Guada Scotta
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