30 años de las explosiones en Río Tercero: “el día que la ciudad tembló”

Para poder comprender lo que ocurrió en Río Tercero, no basta solamente con contar lo sucedido el 3 de noviembre de 1995, hay que contar la “historia completa”. Realizar un viaje al pasado, a décadas anteriores de progreso, expansión e industrialización. Dictadura y neoliberalismo; explosión y secuelas. Un relato contado por sus propios habitantes: sobrevivir al trauma de la memoria

Por: Rocío Jazmín Álvarez

Para poder comprender lo que ocurrió en Río Tercero, no basta solamente con contar lo sucedido el 3 de noviembre de 1995, hay que contar la “historia completa”. Realizar un viaje al pasado, a décadas anteriores de progreso, expansión e industrialización. 

La llegada del ferrocarril representó un hito en la ciudad, ya que pasó de ser una aldea escondida, a una ciudad pujante y progresista. Entre finales del siglo XIX y principios del XX, Modesto Acuña -el fundador- efectuó las gestiones para que se instalara la estación de trenes y talleres ferroviarios para la reparación de máquinas y vagones.

Acuña vio florecer la ciudad exponencialmente, aunque falleció sin poder presenciar, que en su pago, se radicaría: la Fábrica Militar. Así como el ferrocarril fue el nacimiento de la ciudad, la Fábrica significó el crecimiento de la misma.

La misma, producía pertrechos bélicos, químicos, vagones, autopartes. Todo era posible en ese establecimiento, debido a los modernos equipos y al personal altamente capacitado. Inclusive, ante la necesidad de nuevos operarios, se creó la Escuela de Aprendices dependiente de la Fábrica y se impulsó el crecimiento de la Escuela TécnicaENET”.

A partir de ello, se asentaron otras grandes industrias como Atanor y Petroquímica, siendo ésta la última en llegar a la ciudad en 1981. El arribo de nuevos habitantes fue gracias a la demanda laboral, creándose  empresas más pequeñas y PyMEs. El comercio se acrecentaba y era sostenido en el tiempo. La comunidad llegó a conformar su proveedora de Obras y Servicios Públicos, es decir que no dependían de un privado para recibir servicios.

Cortesía: Tiempo Argentino

A todos les llegó la dictadura y el neoliberalismo

Es a partir del año 1976 que comienza el declive. Asimismo, el estancamiento más notable  fue durante los 80’s. El sueño de prosperidad se desvaneció y con La Fábrica, que cada vez se achicaba más, los demás comercios caían por efecto dominó. Sus máquinas, lenta pero inexorablemente, dejaban de funcionar, y con ellas, el Policlínico (creado para atender a los empleados de la fábrica y sus familias), como así también la escuela de aprendices que hacía tiempo se encontraba sin alumnos.

Si bien el proceso de desindustrialización comenzó en los 70's, cuando José Martinez de Hoz, como ministro de Economía, trazó los primeros rasgos de su política neoliberal; las fábricas de armamentos al parecer no estaban incluidas en aquella primera parte del achicamiento estatal. Es que al igual que las Fábricas de Aviones en la Fuerza Aérea y los astilleros de la Marina, nuestras fábricas representaban las fuentes generadoras de poder para el ejército, que en ese entonces había usurpado el Estado.

Río Tercero que se había beneficiado en la dictadura del 76’, sería perjudicada en los 90's, con el final de aquel proyecto. La corrupción enquistada en el poder y la de algunos militares no dejaría impune al establecimiento. Con el paso de los años la Justicia Federal determinó que la localidad fue la pieza fundamental del caso de tráfico ilegal de armas al exterior.

La localidad ya no dependía de sí misma, sino de las decisiones tomadas a 700 km de distancia, en Buenos Aires. Ya, en julio de 1990, se rumoreaba la posibilidad de que la Fábrica Militar fuera privatizada. El Ejecutivo envió al Congreso el proyecto de ley, para privatizar todas las empresas que estuvieran en la órbita del Ministerio de Defensa. En diciembre del mismo año, el ejecutivo anunció que el plantel de la industria debía reducirse en un 40%.

En 1991, el complejo, como el resto de los establecimientos estatales dependientes de Fabricaciones militares, quedaba, por decreto, sujeto a privatización y la reducción de personal se aplicaría mediante “retiros voluntarios”. 195 operarios, en 1996, luego de las explosiones, el número ascendió a 424. Durante los 70’s y los 80’s, la fábrica contaba con más de 2000 operarios; entrado los 00’s, no llegaba ni a los 200.

Durante los 70’s y los 80’s, la fábrica contaba con más de 2000 operarios; entrado los 00’s, no llegaba ni a los 200.

Proyectiles. Fotografía: Télam

¿Qué sucedió adentro de la fábrica?

Entre la noche del jueves 2 de noviembre y las primeras horas de sol del viernes 3, la ciudad entró en shock. La primera explosión fue a las 9am, la segunda y la tercera sucedieron con 15mn de diferencia. El interior de la fábrica era un campo de batalla, en donde los operarios trataban de escapar desesperados del bombardeo.

La detonación fue por uno de los recipientes que comenzó a desprender una llama similar a un soplete, junto a los proyectiles de diferentes calibres, todos apilados sin espoleta pero con un gran poder de destrucción. Los operarios intentaron calzar las mangueras contra incendio pero ya era demasiado tarde, las llamas eran incontrolables.

Cortesía: Rocío Jazmín

Cómo comenzó el fuego y si efectivamente originó el primer estallido, es una duda que aún sigue vigente, de todas maneras se deduce que no fue accidental. Siete personas murieron, más de 300 resultaron heridas, y miles de proyectiles llovieron sobre escuelas y viviendas en un rango cercano a 30 manzanas.

Solo en la primera de las explosiones volaron 13,5 toneladas de TNT” según Fabian García, en el diario Clarín del 29 de julio, del 2000.

Para que se entienda, la energía liberada fue a 0,1% de la medida atómica de 1 kilotón, en Hiroshima, fue de 13 kilotones. No se conoce a ciencia cierta cuánto estalló. En algún momento se informó que podría haber volado unos 25 mil kilogramos de explosivos, aunque especialistas discrepan, ya que si eso hubiese ocurrido, Río Tercero hubiera dejado de existir como tal.

Ahora bien: ¿Por qué conspirar con que explotó todo o mucho más de lo que fue? Porque de esa manera se logró ocultar el faltante de pertrechos que salieron de la industria por el contrabando ilegal de armas, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem.

Fotografía: Télam

La venta de armas

El origen de la tragedia se encuentra en una red de contrabando activa entre 1991 y 1995. Mediante decretos secretos, el gobierno de Menem autorizó la venta de unas 6.500 toneladas de armas a destinos ficticios como Panamá y Venezuela (cabe destacar que en ese momento Panamá no tenía Fuerza Militar). El destino real era Croacia, que estaba bajo un embargo de la ONU, y Ecuador, en conflicto bélico con Perú.

La gravedad del delito es incalculable. Argentina, en aquel momento, era garante de paz en el conflicto entre Perú y Ecuador. Al proveer armamento (fusiles, cañones, misiles) a uno de los bandos, el Estado no solo cometió contrabando agravado, sino que se convirtió en un traidor a su compromiso internacional y en un proveedor de la guerra.

La Fábrica Militar era, en esencia, la pieza clave del encubrimiento. Allí se “maquillaban” las municiones, se borraban marcas de origen y se preparaban los embarques para su destino ilegal. La voladura se ejecutó para borrar las pruebas de ese monumental desfalco, demostrando que el Estado fue un instrumento de “asociación ilícita”.

A pocas horas del desastre, el entonces presidente Menem dio la orden a los medios: “Se trata de un accidente y no de un atentado. Ustedes tienen la obligación de difundir esta palabra”. Años más tarde, ante la Justicia, completaría la frase con una pregunta siniestra: “¿Y qué otra cosa iba a decir?” Como bien lo analizó Ana Gritti: Río Tercero es una muestra de nuestra historia como país.

Por lo sucedido, el ex presidente fue condenado por la Sala I de la Cámara Federal de Casación Penal, en junio de 2013, a 7 años de prisión por el contrabando de armas. Sin embargo, fue absuelto en 2017, por la Corte Suprema bajo el argumento del “plazo razonable”. Una prueba más de que la justicia actúa con los ojos vendados.

La destrucción de la Fábrica Militar tenía connotaciones particulares en la década de 1990 cuando el Estado proponía privatizaciones, despidos de empleados y destrucción del aparato productivo estatal. Este hecho fue el eco más violento de las políticas neoliberales de aquel entonces”, relata Gritti.

Fotografía cortesía de Rocío Jazmín

El hilo de la pólvora

Cuando el debate nacional regresa peligrosamente a la lógica del achique estatal, la desregulación masiva y el repliegue de los controles públicos, el fantasma de Río Tercero se hace palpable. La lección es clara: un Estado que se desliga de sus responsabilidades esenciales y prioriza la ganancia por encima de la vida de sus ciudadanos, se convierte en un terreno fértil para la corrupción y la violencia.

El hilo de pólvora que se encendió en 1995, amenaza con reactivarse cada vez que se intenta revivir, acríticamente, aquel modelo que hizo de la venta y destrucción estatal una política de gobierno. La reparación histórica para Río Tercero y la memoria de sus víctimas son, en este presente, una lucha por el futuro de la República.

*28 años. Nacida y criada en la ciudad de Río Tercero. Estudiante secundaria de una de las escuelas víctimas de las explosiones. Estudiante universitaria, trabajadora, peronista y militante.

**Este humilde aporte nace desde el respeto y la memoria de Aldo Aguirre, Laura Muñoz, Elena Rivas de Quiroga, José Varela, Romina Torres, Leonardo Solleveld y Hoder Dalmasso víctimas de las explosiones.

Somos el equipo de redacción de Enfant Terrible: el resultado de millones de años de evolución aglutinados en este irreverente existir.

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