El “alto el fuego” entre Hamás (organización político militar que gobierna Gaza) e Israel concluyó su primera fase: la organización palestina liberó a los últimos 20 israelíes que seguían con vida en Gaza, incluyendo a tres ciudadanos argentinos, quienes ya se encuentran en territorio israelí; Israel, por su parte, liberó a 1.950 prisioneros palestinos, incluyendo a 250 condenados a cadena perpetua y 1.700 gazatíes detenidos post-octubre de 2023.
Tras el canje, el presidente estadounidense Donald Trump viajó a Jerusalén para anunciar oficialmente lo que denominó el “fin de la guerra”, declarando ante el Parlamento israelí que se inaugura “la era dorada de Israel y Oriente Próximo”. Posteriormente, el mandatario se dirigió a Egipto para la ceremonia de firma del “acuerdo de paz” impulsado por EE. UU. Es importante destacar, como se mencionó en el medio La Tinta, que este acuerdo diplomático no detiene las investigaciones de la Corte Penal Internacional por el genocidio cometido por Israel.
A minutos del canje de prisioneros, tanques del ejército de ocupación israelí fueron divisados avanzando desde la posición Kisufim en la frontera entre Deir al-Balah y Khan Yunis. En el video se oyen disparos contra los palestinos en la zona, lo que exhibe la fragilidad del acuerdo y la posibilidad de que Israel continúe incumpliendo su palabra, como hizo en el pasado reciente.
Una interna local con influencia global
Las principales facciones de la autodenominada Resistencia Palestina, incluyendo Hamás y la Yihad Islámica, emitieron un comunicado reafirmando su unidad tras el reciente alto el fuego. Ambas organizaciones rechazaron “cualquier injerencia extranjera” en la administración de la Franja de Gaza, insistiendo en que el futuro del territorio es un asunto de “exclusiva soberanía palestina”. Esta postura se lee como una negativa a propuestas externas, como el plan de paz impulsado por Estados Unidos, donde se llegó a proponer el ex premier británico, Tony Blair, como posible administrador del territorio en cuestión.
Las facciones anunciaron que buscarán una reunión nacional urgente con Egipto para unificar la postura política y reconstruir las instituciones nacionales.
En contraste, la Autoridad Palestina (AP) mostró una apertura a la injerencia externa occidental. El vicepresidente Hussein al-Sheikh se reunió con Tony Blair, declarando que la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) está dispuesta a colaborar con Trump y Blair para consolidar el alto el fuego. Al-Sheikh subrayó la necesidad de preservar la viabilidad de la solución de dos Estados y frenar el debilitamiento institucional de la AP.
La Resistencia Palestina interpreta las negociaciones de la Autoridad Palestina (AP) con potencias occidentales como un acto de sumisión destinado a deslegitimar su rol como representantes. Esta división interna reactiva las profundas tensiones y enfrentamientos históricos entre la AP y las facciones de la Resistencia, particularmente en Cisjordania.
En esencia, la disputa no solo es ideológica ni se limita a una cuestión entre palestinos, sino que también subraya una disputa geopolítica fundamental sobre quién tendrá la autoridad de definir el futuro de los territorios.
La crisis de liderazgo interno se enmarca en un contexto internacional complejo que va más allá del padrinazgo imperialista de EE. UU. y Europa. Recientemente, China, a través de su Cancillería, subrayó la necesidad urgente de un alto el fuego duradero en Gaza. Beijing enfatizó que cualquier acuerdo futuro debe respetar incondicionalmente la voluntad del pueblo palestino y ser coherente con la solución de dos Estados. Este posicionamiento confirma que el futuro de la región es un punto central de la agenda global.
Todo este panorama político se desarrolla con la devastación humanitaria como telón de fondo. El genocidio perpetrado por Israel incluyó la destrucción sistemática de la infraestructura civil y la provocación de una hambruna planificada contra la población. El saldo oficial de víctimas palestinas asciende a casi 70.000 asesinados, aunque la ONU advierte que la cifra real podría ser diez veces mayor, alcanzando los 700.000, debido a la imposibilidad de registrar todos los decesos.
*Foto de portada: Julio Pereyra/Enfant Terrible.