Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra

Los clásicos no pasan de moda. Si en una fiesta el público está quieto, los primeros compases de sus canciones pone a cualquiera a bailar. El momento de poder gritar su nombre, es mantener con vida a la santa pagana, de las pocas que tenemos en la cultura popular argentina. Yo soy Gilda.
Tan milagrosa como la difunta Correa, la maestra jardinera que devino en cantante y compositora de la “movida tropical”, en los 90's, murió en un accidente de tráfico, 29 años atrás, el 7 de septiembre de 1996. Antes de transformarse en leyenda musical, Miriam Alejandra Bianchi fue la hermana mayor de una familia de cuatro. Su padre, Omar Eduardo Bianchi, fue empleado público y su madre, Isabel Scioli, profesora de piano.
De Villa Devoto, Miriam Alejandra, sin querer queriendo, encontró en Gilda lo que siempre fue: cantora. Previo a ello, estudio educación física hasta que su padre falleció y tuvo que hacerse cargo del negocio familiar en rentas. Sin embargo, su amor por la música siempre fue más fuerte. Tras una relación de 10 años con el empresario, Raúl Cagnin, se separan porque él no concebía que ella fuera cantante de cumbia.
La diferencia de clase es parte constitutiva de quienes ven de manera despectiva a la “movida tropical”. En 1992, ve un anunció en el diario donde se buscaba a una cantante. Las convicciones necesitan de un empuje místico. Conoce al productor Toti Giménez, quien lo impulsa a lanzarse como solista. Nace una leyenda: Gilda.
Una carrera corta y meteórica. No llego a disfrutar del paso del tiempo y las adulaciones de un público que subía al escenario a cantar a su lado, llegando incluso, a cantar en la Unidad Penitenciaria N°9 de la Plata. Luego del show, la banda se quedó a almorzar con los internos. No buscó la figura de ídola, quería cantar.
“Sus canciones son muy pegadizas y empatizamos con sus letras y melodías. Ella fue revolucionaria porque llevó a la familia a la bailanta, le cantó a las mujeres cosa que en esa época no sucedía. Creo que eso hizo la diferencia. Ella fue autora y compositora. En un ambiente cerrado y machista se hizo un lugar y luchó por ello. El público la adoraba, estaba muy cerca, le gustaba subirlos al escenario y que canten con ella”, comenta Lucre Ortiz.

Los y las artistas que trascienden las barreras de clase, étnia y género, es porque lo que se ve arriba del escenario, no es muy distinto a la persona que es debajo del mismo. Figuras como Sandro, Leo Mattioli, Selena o Gilda, le cantaban a las pasiones humanas: los amores vividos, los duelos perdidos, al romance, a todo lo que alguna vez alguien puede vivenciar y muchas veces no sabe como explicar. Eso también es la cumbia.
“Hace años que trabajo animando fiestas de cumpleaños y siempre está Gilda en el repertorio, es garantía de fiesta y de celebración. Así que en cierto modo para mi es un agradecimiento porque trabajo mucho con su música y me siento muy cómoda poniéndole voz a sus canciones”, describe Lucre.
La historia de la cumbia es la herencia transmitida de generación en generación, una historia con memoria y narrativa propia. Pueden cambiar las condiciones de sus letras por las demandas de la industria, empero la base es la misma: el disfrute, el baile, el ritmo y el sentimiento de un buen cumbión. Al respecto, Lucre comparte:
“Pasé por el folclore y el tango cuando vivía en Bs As donde estudié en la escuela de música de Avellaneda. Luego tuve una banda de son cubano y ahí me encontré con la música para bailar, fue un descubrimiento. Luego volví a Córdoba, toque en Ninfas donde hicimos cumbia y me apasionó! La verdad que esta posibilidad es un sueño que tengo ganas de hacer desde hace años y este año le di impulso y garra para hacerlo posible”, relata

Miriam hizo docencia, Gilda hizo escuela. Con un legado que le excede a su propia biografía, la cantante inspiró a generaciones enteras a encontrar su pasión arriba del escenario. Un romance que se podría describir como un canto al destino. Una vida que desafió los estándares de clase y de género: una maestra que heredó un trabajo familiar en rentas que dejó todo por la cumbia, por la música.
Me llevo tu sonrisa tibia
Tu mirada errante
Desde ahora en adelante
Vivirás dentro de mí (No es mi Despedida, Gilda, 1997).
Lanzado en el mismo año del trágico accidente (1997), Miriam Alejandra dejó un claro mensaje a través de Gilda, recuérdame a cada momento, porque estaré contigo. Sucesos inexplicables que quedarán en el 'creer o reventar'.
“Es una canción que me encanta y siento que quiso dejarnos su música para siempre”, concluye Lucre.

Volverte a ver, show que se estará realizando hoy, 20h, en Studio Theater, es, en palabras de su creadora, “una invitación a agradecerle a Gilda por su legado y honrarla, trayéndola al presente con todo su brillo”. En el escenario, resonará su esencia con el pulso de hoy: cumbia como motor principal y algunos sones originales de la propia Lucre, que aportan un sello personal y fresco.
Junto a ella, estarán Pamela Merchán: Bajo y coros; Facundo Domínguez: Guitarra; Diego Tercel: Percusión; Regina Grigioni: Trombón; Manuel Farías: Trompeta; Emiliano Serradel: Guira. También estarán de invitadas: Lara Fernández, Rochi Goloboff (Soul Bitches) y Porte Piatti (Soul Bitches).
Entradas disponibles en: https://alpogo.com/evento/lucre-ortiz-presenta-gilda-volverte-a-ver-21090.
Fotografía de portada: Gretel Martínez
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