Metele Catú en La Piojera
Metele Catú se presenta el viernes 17, a las 20:30h, en el Centro Cultural La Piojera (av. Colón 1559). Entrada libre, salida a la gorra

Por Matías Machado Quiroga
El Lago San Roque, principal fuente de agua potable de las y los cordobeses, enfrenta una crisis ambiental que se agrava con un nuevo y grave riesgo: la posible filtración de contaminantes de la antigua mina de uranio de Los Gigantes.
A principios de 2024, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) confirmó la rotura y posterior reparación de la impermeabilización del Dique 3, que contiene líquidos contaminados de una antigua explotación de uranio. Sin embargo, vecinos de la zona aseguraron esta semana que las filtraciones continúan al tiempo que señalaron la presencia de maquinaria y vehículos oficiales sin ninguna explicación al respecto.

El viejo complejo minero, clausurado en 1989, se ubica a 30 km de Villa Carlos Paz, en una zona de nacimientos de arroyos. Su principal colector es el Río San Antonio, que desemboca directamente en el San Roque. Aunque la CNEA aseguró haber realizado reparaciones, vecinos de la zona denuncian que las filtraciones continúan.
El proyecto de remediación prometido en 2010 con fondos del Banco Mundial aún no se ejecutó. A la fecha, el plan de la CNEA de 2018 para un cierre del dique de cola con vida útil de 200 años sigue a la espera de aprobación por parte de la Secretaría de Minería de Córdoba. Recién hoy, la CNEA, emitió un comunicado donde afirma que son falsas las alarmas por derrame y que está haciendo tareas de mantenimiento en el sector.
A la fecha, ni el gobierno provincial ni la Municipalidad de Córdoba han hecho declaraciones al respecto.
Si las aguas contaminadas llegan al lago, se agravaría la contaminación existente. Para conocer su actual situación, Enfant dialogó con Exequiel Di Tofino, docente e investigador independiente, especializado en el espejo de agua.

El riesgo de contaminación por uranio se suma a una situación ambiental ya crítica. En abril de este año, la Justicia provincial obligó al Gobierno de Córdoba a ejecutar un Plan de Saneamiento del Lago San Roque.
El fallo ordenó medidas urgentes, como la fiscalización de la cuenca, la conexión de las localidades a redes cloacales en un plazo de 8 años y la designación de la Autoridad de Cuencas. Sin embargo, el abandono persiste.
Exequiel Di Tofino, docente e investigador especializado en el lago, comenta al respecto: “El problema no se soluciona, se diluye. El lago tiene un daño que todavía no es irreversible, pero está muy cerca de un punto de no retorno. Su recuperación va mucho más lenta que las soluciones que se proponen”.
La principal causa de esta degradación son los desechos cloacales sin tratamiento, que provocan un exceso de nutrientes. Esto favorece el crecimiento descontrolado de cianobacterias o algas verdeazuladas, que tiñen el agua y tienen un aspecto similar a pintura flotante.
Di Tofino también alerta sobre la “construcción sin control” cercanas al lago. Las nuevas infraestructuras hoteleras, inmobiliarias y gastronómicas en las localidades cercanas al lago vierten en el este desechos cloacales no tratados, lo que agrava el cuadro.

El investigador alerta que el problema con las algas es la presencia de toxinas como las microcistinas, que pueden ser absorbidas por la piel o la nariz y causar problemas gastrointestinales y visuales. También existen otras cianotoxinas que pueden dañar el hígado y el sistema nervioso.
La potabilización del agua del San Roque, realizada por la empresa privada Aguas Cordobesas, cuyo CEO es Héctor Randanne, logra inactivar las toxinas parcialmente, pero no en su totalidad. El entrevistado pone en tela de juicio a los métodos utilizados por la firma y sostiene que “la provincia no le exige a la empresa que implemente medidas acordes al nivel de contaminación”. “Sigue utilizando métodos de hace 50 años, que hoy son insuficientes”, agrega.

La llegada de las altas temperaturas en primavera y verano tienden a agravar la situación:
“En esta época es cando los vecinos están más expuestos a estas toxinas y hay muchos casos de enfermedades por el agua sin documentar. No existe un seguimiento médico adecuado ni la infraestructura necesaria, porque la gestión no aporta los medios suficientes y se encubre la situación para que no se piense que el agua es la que puede estar enfermando a la población” denuncia Di Tofino.
Además de lo anterior, el investigador también expresa su preocupación sobre las consecuencias de los históricos incendios forestales. Las cenizas de la materia orgánica quemada, en conjunto con el fósforo y el nitrógeno producto de los desechos cloacales sin tratar, generan una bomba de tiempo que agrava el estrés hídrico del lago.
La contaminación por cloacas y cianobacterias, sumada al riesgo nuclear de la mina de Los Gigantes, conforma un panorama poco alentador para la salud de más de un millón de cordobeses, poniendo en evidencia la falta de una gestión efectiva para sanear el recurso hídrico más importante de la provincia.
Foto de portada: Carlos Paz Vivo.
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