Los Vecinos de Alejo presenta "Guerras Pasadas" en Chilli
La presentación oficial en vivo del disco será esta noche en Chilli Street Club (Córdoba), a las 20h, junto a Los Hermanos Domínguez que abrirán la noche

El oficio de la escritura es como el boxeo, solo que, en lugar de fintar con los pies, se lo hace con las ideas. El puño cerrado en dirección a la mandíbula, una frase concreta: “la hija de la lágrima vive dentro de mí”. El referí es el lápiz que cuenta los compases, uno, dos, tres, K.O. El papel que hace de cuadrilátero se suspende, el resto de palabras desperdigadas a la espera de un nuevo combate. El público pide revancha, rock y poesía.
El encuentro del lápiz con el papel pone en guardia a cualquiera que se atreva a escribir. Hacer de las ideas una oración y de ella una historia que devenga en narrativa, despierta fantasmas. Un público imaginario pretencioso que ansía ver el fracaso de que “esto no es para cualquiera”. Al mismo tiempo, una necesidad, un deseo y una demanda: escribir.
Miguel de Cervantes en el prólogo del Quijote de la Mancha, relata la encrucijada de considerar que no es suficiente ‘buen escritor’.
“Sin juramento me podrás creer, que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir la orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejanza”.
En primera persona se dirige al lector, no como Miguel de Cervantes, sino como escritor. Luego, retrata que en su empecinado tino de no seguir, ni tampoco poder parar de pensar, un amigo suyo le recomienda mencionar pensadores al azar: “Así parecerá que sabes, tu escribe”.
El oficio no deja de ser una práctica. La poesía esta más presente en la vida cotidiana que en las lecturas nocturnas en bares. La escritura es una atadura con el presente y una conversación con el pasado. Un relato propio que se transforma en un lenguaje compartido.

En el entramado de las palabras, nueve años atrás, Chacho Marzetti le puso melodía a la lectura en Radio Nacional, nacía así: “El Vagabundo de las Estrellas”. Esto a Clau Huergo, parte de Les Amoroses, la animó a subirse al ring de la escritura performática. Lo que vino después, fue meterse en la piel de otros poemas: “la voz como una encarnadura, la voz trayendo algo del cuerpo”, cuenta.
Lola Dolores, con su tesis “Orgullo Lector”, le enseñó que la defensa es el mejor ataque: reivindicar la lectura como un acto estético en sí mismo. No es necesario ser él o la mejor, es saber esquivar y esperar el momento. Gancho de derecha a la boca del estómago. Pausa para contar.
“Entonces, la relación vida/escritura es de ‘total interferencia’, como dice Charly. Y mi vida hoy no es por fuera de este grupo de amigos, son ensambles de vida, de relaciones. Tenemos algo entre manos. Nos queremos. Ese amor “produce”, es polinizador de vida”, comenta Clau.
Les amoroses desde esas lecturas tocadas o lecturas cantadas, como Dante Alighieri en la Divina Comedia o José Hernández en Martín Fierro, prestan el cuerpo a la prosa. No se sabe quién es quién detrás de cada poema. El poema es el cuerpo puesto en escena. La música es la compañía, el fondo.
De Radio Nacional a subirse a los escenarios. Mostrar la cara. El encanto de romper la magia de la palabra sintonizada en la FM, para personificar en ese orgullo lector lo profano. Apropiarse por unos instantes de otra vida.
“Insistir en plantear una continuidad entre música-escena- lectura-poesía es como recordarnos de qué está hecha la vida. Son modos de agenciamiento colectivo. Formas de hacer respirar, de darle aire a lo común. Es una especie de combustión efímera, donde calentarnos el alma y los cuerpos”, reflexiona Clau.
Al mismo tiempo, no desconoce que entrar y salir de escena, dura lo que dura un round. No es quien pega mejor, sino quien mejor resiste. La canción sin fin, salir del cuento. “Aceptar los ritmos de los encuentros, de las ocurrencias, de lo efímero. Entender las condiciones de producción de eso mágico”, comenta.

Hay boxeadores que fueron poetas y poemas que pegan como un boxeador. “Vuela como una mariposa, pica como una abeja”, decía de sí mismo, Mohammed Alí. Arriba del ring su cuerpo danzaba al ritmo de la pelea, abajo golpeaba con las palabras. El público siempre atento a sus movimientos.
Les amoroses ya bailaron al ritmo del cuarteto arriba del ring en el Rockypoesía II. En esta tercera velada, esperan dejar al espectador atónito, confundido, noqueado. Hasta ahora vienen invictos, ¿podrán conservar el cinturón o pasará a manos de Mariano Blatt?
“Que las escenas de lectura puedan ser al ritmo del cuarteto, de la cumbia, del pop, implica reconocer la cultura en ese entramado múltiple, vital, sucio, barroso como decía Perlongher. Es aceptar y celebrar la coexistencia, la conexión entre lo sublime y lo abyecto. Lo escribe William Ospina: ¿Por qué la última flor del horror es la belleza? ¿Por qué la última flor de la belleza es el horror?”, concluye Clau Huergo.
Fotografía de portada cortesía de Les Amoroses
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