Con Evo proscripto, el centrista Rodrigo Paz es el nuevo presidente de Bolivia

Tras dos décadas de hegemonía del Movimiento Al Socialismo (MAS), el centrista y social demócrata, Rodrigo Paz, fue elegido presidente junto al tiktoker y ex policía, Edmand Lara Montaño

En una histórica jornada electoral, caracterizada por la proscripción del ex presidente Evo Morales (*), Bolivia dio un giro histórico y Rodrigo Paz Pereira es el nuevo presidente electo, sellando el fin de la ininterrumpida hegemonía de 20 años del Movimiento al Socialismo (MAS), que gobernó desde 2006 con Evo y Luis Arce a la cabeza.

El binomio del Partido Demócrata Cristiano (PDC), integrado por Paz y el tiktoker anticorrupción y ex uniformado, Edmand Lara Montaño, se impuso en el inédito balotaje del domingo 19 de octubre de 2025 con el 54,5% de los votos, superando a su rival, Jorge Tuto Quiroga, de la alianza Libre. Los resultados, confirmados por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) a través del Sirepre, son considerados irreversibles, según informó el presidente del organismo, Óscar Hassenteufel.

Paz y Lara, ¿lo viejo con lo nuevo funcionan?

Rodrigo Paz (58 años) es una figura que se presenta como reformista moderado y casi un outsider de la política tradicional, aunque cuenta con un profundo historial político y familiar.

Nació en España en 1967, mientras su familia se encontraba exiliada durante la dictadura militar boliviana encabezada por René Barrientos. Es hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993), quien llegó al poder bajo el denominado  “Acuerdo Patriótico” con el dictador Hugo Banzer.

Aunque huye de las etiquetas ideológicas, su propuesta se inscribe en la centroderecha, buscando un equilibrio entre el gasto público y los incentivos a la inversión privada bajo el lema de “Capitalismo para todos”.

Ligado a la socialdemocracia boliviana, Paz orientó sus propuestas bajo la promesa de “liberalizar” la economía para los pequeños emprendedores, “acabando con el Estado tranca”, es decir, burócrata. Con su plan “Agenda 50/50”, propone “redistribuir” el presupuesto nacional concentrado en el Estado, destinando la mitad a entidades territoriales y universidades públicas.

Paz llega a la presidencia tras una larga trayectoria política: fue diputado por Tarija en 2002, y posteriormente concejal y alcalde de la capital tarijeña entre 2015 y 2020.

El nuevo presidente arrastra al menos cinco procesos judiciales por presuntos sobrecostos, contratos lesivos al Estado e incumplimiento de deberes (Minka Comunicación).

Antes de la elección, Paz se desempeñaba como senador nacional por la alianza Comunidad Ciudadana de Carlos Mesa, y jugó un rol activo en la crisis de 2019 al integrar la Coordinadora de la Defensa de la Democracia, que presionó por el balotaje y cuyas denuncias de fraude fueron determinantes en la posterior anulación de las elecciones y el golpe de Estado que derrocó a Evo Morales.

La fórmula presidencial se completa con una figura que ha irrumpido en la política de manera inédita, Edmand Lara Montaño, el nuevo vicepresidente de Bolivia. Abogado y tiktoker cochabambino, capitalizó su imagen de “voz del pueblo” gracias a videos virales donde denunciaba corrupción y abusos de poder, logrando influencia y fidelidad en amplios sectores juventudes.

Fue excapitán de la Policía Nacional dado de baja en 2024 por procesos disciplinarios. Su discurso se centró en la anticorrupción y “contra los poderosos oligarcas tradicionales y también contra los masistas”.

Lamentos bolivianos


El nuevo gobierno de Paz y Lara asumirá el 8 de noviembre en un escenario económico complejo, marcado por la falta de inversiones, reservas, escasez de combustibles e inestabilidad para los trabajadores que padecen la alta inflación.

En el plano político, los desafíos para los nuevos gobernantes también son complejos. A pesar de la derrota y la crisis interna, el MAS continúa con un significativo poder de fuego: legisladores, gobernadores, sindicatos y organizaciones de base. Lo que obliga a Paz a tender puentes con el masismo si desea ejercer su gobierno sin grandes obstáculos. Quien ya se lo hizo saber en la red X, fue el mismo Evo Morales:

Paz y Lara, ganaron con el voto evista, el voto de los indignados por la proscripción y exclusión electoral. El 1. 3 millones del voto nulo definió la segunda vuelta. Está claro que el voto fue más contra Tuto, el eterno perdedor, hijo del dictador Banzer y aliado de Jeanine Añez. El gobierno de Lucho me proscribió. Y el pueblo proscribió, en las urnas, a los traidores”.

El MAS y su implosión

El ex presidente y su contrincante interno, Lucho Arce, demostraron escasa apertura a la autocrítica. Su lucha intestina e irremediable división llevó a un enfrentamiento entre bandos masistas que allanó el camino para la victoria de la centro derecha, incluyendo las presiones de ambos a una justicia que confabuló para este presente.

La crisis del MAS se convirtió en una implosión política originada por la ruptura irreconciliable entre Evo Morales y Luis Arce. Las tensiones escalaron desde 2021, transformando al partido en dos facciones: los evistas que atacaban a Arce por corrupción y por no respetar a Evo, y los arcistas, que criticaban a Morales por desestabilización e insistir en una candidatura presidencial que consideraban inconstitucional, en sintonía con el máximo tribunal de justicia boliviano, a quienes los evistas identificaban bajo influencia de Arce.

Este conflicto por el liderazgo y el control partidario, desarrollado en un contexto de grave crisis económica nacional, condujo a la ruptura total del MAS, que se tradujo en la fragmentación de sus votos voluntad en las elecciones y un hartazgo en la propia sociedad boliviana. Como resultado, el partido oficialista sufrió un colapso electoral, perdiendo la presidencia y su dominio legislativo tras 20 años en el poder, lo que selló el fin de su hegemonía.

(*)Morales se encuentra proscripto tras una sentencia del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) de fines de 2023, que anuló la reelección indefinida y estableció que un presidente y vicepresidente solo pueden ser electos por un máximo de dos periodos, continuos o discontinuos. Los evistas sostienen que se trata de un caso de Lawfare y sostienen que este fallo es inconstitucional y arbitrario, ya que fue el mismo TCP quien, en 2017, había autorizado a Morales a postularse argumentando que la reelección era un derecho humano.

Foto de portada: DiarioAr.

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