Cables pelados y comida podrida: viaje al interior de las tomas

Más de 25 escuelas tomadas en CABA vuelven a exponer el modelo educativo del macrismo: cables pelados, techos caídos, precarización laboral y comida podrida para les pibes. Una crónica al interior de las tomas de secundarios en medio de la escalada mediática, judicial y represiva de Acuña y Larreta.

Por Redacción Enfant Terrible |

🕒 8 minutos de lectura

Por Norman Flores para Enfant Terrible

Fotos de Andrés Masotto

“La toma es uno de los mayores actos de amor que podés hacer por tu colegio”, dice con voz emocionada y con palabras enérgicas que resuenan entre las aulas vacías, mientras enseña las grietas que hay en los techos y en las paredes, entre baños y pisosa medio construir. Lucía tiene 15 años y forma parte del centro de estudiantes de la Escuela Superior en Artes Visuales “Rogelio Yrurtia”, ubicado en Parque Avellaneda en un edificio que, a pesar de haber sido inaugurado cuatro años atrás, presenta varios problemas edilicios. Entre otras cosas, la cooperadora tuvo que hacerse cargo de las luces del edificio.


La infraestructura escolar fue una de las razones por las cuales Lucía y sus compañeres decidieron iniciar la toma de su colegio el martes a las cinco y media de la tarde. Pero la chispa que enfureció a les adolescentes fue lo que sucedió el viernes en la Escuela Normal Superior en Lenguas Vivas N° 2 “Mariano Acosta".

Cuando en el Acosta se estaba realizando una asamblea, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires les cortó la luz. A pesar de esta respuesta, por mayoría decidieron iniciar una toma. En vez de recurrir al diálogo, la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, amenazó con llevar adelante denuncias en la Justicia contra las familias de les estudiantes. Finalmente, el lunes el gobierno notificó a 8 familias por una denuncia penal en su contra.


El ataque contra la comunidad educativa por parte del gobierno generó que durante el sábado y los primeros días de la semana se realizaran asambleas en diferentes escuelas públicas porteñas. Aunque la toma en el Acosta se levantó, hasta el miércoles había 12 escuelas tomadas y 10 donde se apoyaba la lucha estudiantil mediante el pernocte. Además de la infraestructura escolar, les estudiantes reclaman por la calidad y la cantidad de las viandas que reciben. “Hemos encontrado pelos, hongos e insectos dentro de los sanguches que mandan”, dice Lucía mientras con sus manos también muestra una manzana un poco machucada.


En el Yrurtia, el gobierno porteño destina 160 viandas para 600 estudiantes. A otra de las escuelas donde envían muy pocas viandas es a la Escuela de Cerámica N°1, donde para 300 alumnes envían 60 viandas. “Vienen en condiciones totalmente nefastas, no sabemos ni qué es lo que comemos; manzanas podridas y barritas de cereal vencidas o sin fecha de vencimiento”, denuncia indignada Paola, presidenta del centro de estudiantes. Junto a ella está Eliana, la vicepresidenta del centro. Eliana es más bajita y ambas tienen 17 años.


Mientras Paola habla lento, pausado, Eliana no tiene freno. Sus palabras ansían por salir, como si se acabara el tiempo y tuviera que decir todo lo vivió en estos años de militancia. Porque Eliana habla de la lucha que llevó la comunidad educativa hace cuatro años para que el gobierno porteño no trasladara la escuela, y que hace 10 años están pidiendo la ampliación del edificio. Ambas hablan en la vereda de la escuela, donde conviven carteles que dicen “El CERA no se rinde” o “No somos propaganda política” con los bocinazos y el ruido de los autos que ni frenan.


Paola y Eliana son algunas de las pocas caras visibles de la toma que comenzó el lunes a las 12 del mediodía. La razón principal es para “cuidar y proteger” al resto de les estudiantes que por temor a la persecución del gobierno del PRO, no quieren exponerse. “Lo que le bajaron a la dirección de la escuela fue pedir todos los datos de las personas que se quedaban adentro de la institución, lo que hicimos fue pasar los nombres de quienes formamos parte de la mesa directiva del centro de estudiantes”, dice Eliana.

El temor a quedar expuesto no es infundado. Hasta el momento, la denuncia más grave realizada por parte de las comunidades educativas es que el gobierno porteño utilizó a la Policía de la Ciudad para ir de noche a las casas de les familiares de les adolescentes que tomaron las escuelas para notificarles judicialmente.

Les estudiantes denuncian que las autoridades porteñas utilizan diferentes mecanismos para conocer quiénes están en cada una de las escuelas tomadas. “Apenas se inició la toma, vino gente del Ministerio fingiendo que estaban en un Meet para grabarnos las caras y sacarnos fotos, se notaba que nos enfocaban en la cara”, explica Lucía, del Yrurtia.

También ella denuncia que las preceptoras, por pedido del Ministerio de Educación, realizaron listas negras con les alumnes que estaban comenzando la toma. Por su parte, Eliana, la vicepresidenta del centro de estudiantes del Cerámica Nº1, dice que se pasó el libro de actas de todes les estudiantes para que la Policía supiera a qué domicilio ir.

Incluso, la Policía de la Ciudad se hizo presente en varias de las escuelas. El miércoles, en el Yrurtia, les estudiantes sospecharon que había policías de civil uego de los vieran hablando con diferentes patrulleros. Además, los supuestos policías de civil golpearon la puerta y los vidrios de la entrada del colegio: “Compañeres nuestres querían entrar y esta gente de civil se ponía atrás respirándoles en la nuca para, apenas les abriéramos, meterse”.

Pero el gobierno porteño no sólo denunció penalmente a familias y utilizó a la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, sino que también le quitó las salidas y excursiones que tenían les estudiantes en varias escuelas. Y como lo que sucedió en el Acosta donde el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta cortó la luz, diferentes escuelas sufrieron amenazas y aprietes de este estilo.

“A nosotros nos quisieron cortar el agua el martes”, denuncia Paola, del Cerámica Nº 1. En los últimos días, en diferentes medios masivos de comunicación se realizaron notas a familias que están en contra de las tomas, a pesar de que la mayoría de les estudiantes apoyaron esta medida.

“Nuestra toma la votó el 95% del colegio”, dice Martín, vicepresidente del centro de estudiantes del Mariano Moreno, sobre la toma que iniciaron el lunes después de que finalizara el turno tarde. Desde entonces, les estudiantes recibieron algunos insultos por parte de personas que pasan por las inmediaciones de la escuela: “Hemos tenido situaciones de gente que pasa por la puerta para putearnos o llamarnos vagos. O bardearnos por el simple hecho de estar manifestándonos de esta manera”.


En el Mariano Moreno también sufren los mismos problemas que en las otras escuelas, desde las viandas que llegan en mal estado o problemas edilicios. “A principio de año se ha caído un ventilador en el aula del centro de estudiantes. Hace cuatro años se cayó una parte del techo del teatro, todavía no se ha arreglado. Tenemos un subsuelo que es un asco hace muchos años”, enumera el joven de 17 años que está detrás de la puerta de entrada, la cual está cerrada con llave, que solo abren para que entren o salgan estudiantes, ya que en la escuela solo hay menores.

Afuera sí hay un grupo de docentes, bancando la parada y repartiendo folletos explicando por qué apoyan la lucha estudiantil, donde se leen frases como “Basta de subestimar el pensamiento y la lucha de las y los estudiantes”. Otro de los motivos importantes por los que se están realizando las tomas en las escuelas es para denunciar las ACAP (Actividades de aproximación al mundo del trabajo y a los estudios superiores).

Estas pasantías obligatorias comenzaron a tomar protagonismo en 2017 cuando la ministra Soledad Acuña avanzó con la implementación de “La secundaria del futuro”. Desde entonces, en varias instancias judiciales se demostró que las pasantías obligatorias son ilegales porque en la Ley 3.541, sobre el Sistema de Prácticas Educativas Preprofesionales, sancionada en 2010 por el propio gobierno del PRO, se estableció que estas prácticas solo pueden ser voluntarias.

A pesar de la ilegalidad, a principios de este año el gobierno porteño comenzó con las pasantías obligatorias. Más allá de las experiencias que se realizaron en la Ciudad, la mayoría de les estudiantes denuncian la falta de acompañamiento del Estado o de personal docente. Martín, del Mariano Moreno, explica la situación en su escuela: “Una autoridad tiene que acompañarlos, ha habido veces que no se los acompañó, que van por su propios medios. Queremos que las pasantías sean buenas, que haya un verdadero acercamiento al mundo laboral, no simplemente
los manden a laburar gratis y que la pasen mal”.


En la escuela Yrurtia comparten la falta de acompañamiento por parte del Estado y señalan que las prácticas laborales tienen que ser enfocadas a lo que estudia cada estudiante. “Tenés que ir por tus propios medios a lugares que no están acondicionados para que haya menores de edad. Tenés que ir a trabajar gratis junto con adultos en cosas que no tienen nada que ver con tu especialización. Hay escuelas donde como pasantía están haciendo viandas”, argumenta Lucía.

Paola, del centro de estudiantes del Cerámica N°1, también da su opinión sobre la importancia de que las pasantías obligatorias estén bien orientadas: “Si las pasantías nos van a servir para nuestra vida personal y para el mundo laboral, no nos importan si nos pagan o no. Mientras que nos paguen en conocimiento y sabiendo que nos van a servir para el día de mañana entrar al mundo
laboral, nos alcanza”. Las pasantías obligatorias se desarrollan en cualquier rubro laboral tanto de empresas privadas como estatales.

Les estudiantes pueden hacer sus prácticas en la Policía de la Ciudad, en museos, en hoteles o contando árboles en plazas. Todos estos reclamos por la infraestructura, por la calidad y cantidad de viandas y por las pasantías obligatorias no remuneradas no aparecieron como arte de magia para justificar las tomas. Por ejemplo, en junio de este año, diferentes escuelas realizaron cortes de calles para hacer estos mismos reclamos. Martín, vicepresidente del centro de estudiantes del Mariano Moreno, lo explica: “Fuimos tomados de vagos o de gente que no quiere estudiar. Es todo lo
contrario, nosotros lo que buscamos es que los chicos puedan estudiar en condiciones dignas, que puedan tener una vianda, que no se caguen de frío en invierno, que los baños estén limpios, que estén en un edificio apto. No buscamos cortar las clases. Esta es la última medida. Hicimos sentadas, mandamos cartas al Ministerio”.

Mientras el gobierno de Horacio Rodriguez Larrreta y Soledad Acuña endurecen su postura ante las tomas de las escuelas, mientras en los medios se repite el discurso de que les estudiantes no quieren estudiar y no cuidan las instalaciones, Lucía, la joven de 15 años del Yrurtia, la que recorrió los pasillos de su escuela para mostrar los problemas edilicios y la que mostró las viandas en mal estado y la que contó que la Policía de la Ciudad y policías de civil quisieron entrar en la escuela, les responde: “Tienen muy mal vistas las tomas pero en realidad la toma es uno de los mayores
actos de amor que podés hacer por tu colegio. Si estamos en toma es porque queremos estudiar, queremos condiciones dignas. Cuando termina la toma el colegio está más lindo, los pibes tienen muchísimo más aprendizaje, más experiencia”.

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