Sobre la condena al profesor de Odontología y el poder de las palabras

Hoy, 7 de junio, Día del Periodista, 2 años, 8 meses, y 5 días después de la publicación de una nota que escribí y que llevó a los tribunales a funcionarios corruptos de la UNC, quisiera que esto que escribo sea un recordatorio (tal vez para mí misma) de que periodismo no es eso que llena pantallas a la caza del click, sino la búsqueda de justicia, el valor de contar, denunciar y exponer al poder. Espero que esto sirva a les desencantades con la profesión para seguir adelante. Feliz día, colegas. Que sean las historias las que nos mantengan en pie.

Por Redacción Enfant Terrible |

4 minutos de lectura

Por Alejandra Boccardo para Enfant Terrible

El pasado 17 de mayo fue condenado a 8 años de prisión el ex docente de la cátedra de Microbiología de la Facultad de Odontología, Luis Augusto Olmedo. Fue hallado culpable del delito de extorsión por el Tribunal Oral Federal N° 1 de Córdoba, que además le impuso una inhabilitación especial de 10 años por abuso de poder en un cargo público.

También fueron condenados sus cómplices: Adrián Oscar Casalis y Augusto Massimino, ambos a cinco años de prisión. A la ex decana de la institución, Mirta Mónica Spadiliero de Lutri, le dieron un año y 10 meses de prisión en suspenso y cuatro años de inhabilitación para ejercer cargos públicos, por incumplimiento de los deberes de funcionario público.

La condena se dictó exactamente 2 años, 8 meses, y 5 días después de la publicación de una nota que escribí, tras conocer la situación por una amiga que cursaba la carrera de Odontología. En contexto de pandemia y bajo la sensación de seguridad que sus hogares les ofrecía, lejos de la rutina universitaria y del profesor que tanto trauma les había causado, más de una decena de alumnos me contó su testimonio sobre cómo tenían que obligatoriamente pagar un curso en la academia privada de Olmedo para aprobar su materia en la
universidad pública.

En mi celular aún conservo sus números de teléfonos, todos agendados como “Estudiante Odontología”, seguido por un número. Tanto era el temor que Olmedo había sembrado en ellos que no querían siquiera decirme sus nombres. Muchos otros relatos llegaron a mí a través de conocidos que recolectaron audios y experiencias de otros estudiantes. También hablé con egresados que ya ejercían desde hacía mucho tiempo y recordaban a la perfección los maltratos recibidos por el profesor.

Lo que ocurrió después fue simplemente el desahogo que miles de estudiantes estaban necesitando. La nota sirvió de espacio para que todas sus voces se encuentren y suenen al mismo tiempo. Aunque aquella publicación no fue la principal razón por la cual se abrió la causa - ya había una investigación en proceso - sí logró que todos los involucrados se sientan acompañados para presionar juntos e impulsar así la denuncia social que acabó apurando los trámites en los Tribunales de Justicia.

El lunes siguiente a la publicación de la nota, la decana de la Facultad de Odontología salió en los grandes medios de comunicación de la ciudad de Córdoba a subestimar mi trabajo, alegando que había sido publicada en un medio digital de un pueblo chico. Efectivamente había sido así, pero ¿cuál es la diferencia? Bajo el manto protector de Spadiliero de Lutri (y seguramente de los muchos otros que la antecedieron)

Desde la cátedra de Microbiología, el profesor Olmedo logró ejercer un poder silencioso durante más de 30 años, sembrando miedo y ejerciendo manipulación en sus alumnos. No es posible que esta práctica extorsiva se haya extendido durante tanto tiempo sin contar con la protección de una jerarquía mayor.

¿Cómo se explica que todos en la facultad estaban al tanto de la situación pero la decana no? No es la intención de este texto seguir dando vueltas sobre el mismo caso, sino más bien reivindicar el trabajo periodístico realizado puramente desde el placer y la pasión por comunicar, por denunciar y por hacer justicia.

La palabra en acción

Hoy, 7 de junio, Día del Periodista, quisiera que esto que escribo ahora sea un recordatorio (tal vez para mí misma) de que periodismo no es eso que llena pantallas y busca clicks, sino aquello que le da entidad a las personas. Quisiera que mi propia experiencia de recolectar testimonios aislados para juntarlos en un
mismo lugar, sirva a les desencantades con la profesión para animarles a seguir en la búsqueda de relatos.

Quisiera poder recuperar el poder de la palabra, el valor del contar historias. No quiero repetir frases hechas y citas repetidas hasta el cansancio en cualquier facultad de comunicación, pero es cierto eso que decía Rodolfo Walsh de que la máquina de escribir es un arma y que con ella es posible mover a la gente en grados incalculables.

No importa si no se respetan a rajatabla las formas establecidas por la academia, no importan las dimensiones del canal de publicación. Lo que importa es el contar. El mostrar a través de las palabras, el elaborar después de la escucha, el sentir junto a otres. Yo no sé si es este el mejor oficio del mundo. Lo que sí sé es que detrás de este oficio (muy detrás y muy ocultos) hay muches que quieren hacer el mundo mejor.

Feliz día, colegas. Que sean las historias las que nos mantengan en pie.

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