El tunga-tunga en un piano saltarín: 32 años sin Leonor Marzano

Hoy se cumplen 32 sin la madre del cuarteto. Leonor Marzano puso música a una identidad y a un territorio. La banda sonora a la mejor versión de Córdoba: una provincia fiestera y luchadora, migrante, plebeya, talentosa y popular. El tunga-tunga que todavía nos acompaña, sigue sonando en cada rincón del país.

Por Redacción Enfant Terrible |

🕒 2 minutos de lectura

Oigan, señores, yo les quiero así contar
Con muchísima emoción dónde nació mi canto
Chispa, tonada, piano, bajo y acordeón
Así tocaba Leonor, ritmo de cuartetazo

Córdoba recibió de sus manos el ritmo pegadizo que la dota de una identidad única. El cuarteto nos define sin límites y puebla nuestros barrios populares al son del tunga-tunga, hablando de nuestra historia, de nuestros amores y desamores, de nuestra cotidianidad. El cuarteto rinde hoy otro homenaje a Leonor Marzano, la madre que nos parió.

Marzano nació en Santa Fe donde vivió hasta los 9 años. Tras quedar huérfana de madre se mudó a Córdoba junto a su padre, Augusto Marzano obrero ferroviario hijo de migrantes italianos y aficionado a tocar el contrabajo. De la mezcla de ritmos y ramas familiares ítalo-españolas Leonor fue tomando, como una travesura que cobraría una dimensión todavía insospechada, el ritmo del pasodoble y el tempo de la tarantella. Al poco decidió dejar los estudios y dedicarse por completo al piano.

Junto a su padre, Leonor Marzano dio lugar al primer conjunto de aquello que todavía no tenía nombre y que revolucionaría la música popular de todo el país. En 1943 se suma al dúo familiar un viejo amigo de don Augusto, el acordeonista Miguel Gelfo y el violinista Salvador Saracho, ex integrantes del grupo "Los Bohemios". Se armó el baile y deciden llamarse "Cuarteto Característico La Leo" en honor a la joven pianista.

Con la llegada de los 50 y el enrarecido clima político antes del golpe gorila, el cuarteto La Leo fue prohibido en Córdoba capital. Sin embargo, como un acto de resistencia popular, el tunga-tunga Marzano se siguió escuchando en rondas cerradas y fiestas clandestinas. La popularidad del ritmo pegadizo y plebeyo motivó el emerger de nuevos cuartetos. Hacia 1960, la banda de Cuarteto Berna amplificó los bailes dando origen a la leyenda de su primer cantante: Juan Carlos Jiménez Rufino. La Mona.

Hacia la década del 90, todos los boliches de argentina bailaban el cuarteto de Marzano en la voz vibrante y el torso erótico del "Potro" Rodrigo Bueno. La síntesis de la música popular se extendió desde los boliches de moda de Puerto Madero hasta los bailes más humildes con patio de tierra. De la mano de la cumbia villera, el cuarteto se convirtió también en himno de resistencia contra el neoliberalismo como muestra "El Cordobazo Cuarteto" de Cacho Piña o

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