Acompañar sin castigar: abordajes integrales de los consumos

La previa de la 9° Marcha por el Derecho a la Salud Mental hace que comiencen a calentarse los motores en cada lugar que tiene un motivo para asistir. Ayer fue el turno del Programa del Sol y su casita de barrio General Bustos. En su hacer, las trabajadoras del Programa le rinden honor a la consigna de este año: “hay que invertir en la comunidad”.

Por Redacción Enfant Terrible |

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Foto: Enfant Terrible

Las actividades pre marcha Salud Mental marcan el ritmo de los días previos a este evento que se repetirá por noveno año consecutivo en la ciudad de Córdoba. En estos momentos, los espacios de anteción y servicios de salud, así como las organizaciones que en ciertos casos las sostienen, construyen una agenda para plantear y discutir problemáticas hacia afuera, que luego se ven como consignas en las pancartas de la movilización. Pero a la vez, son momentos de encuentros, de miradas, de abrazos, como una excusa para el acompañamiento.

El día de ayer fue el turno de la Asociación Civil Programa del Sol, cuyo centro de tratamiento y prevención de consumos ubicado en barrio Gral. Bustos (Diagonal ICA 37), la casita que sus trabajadoras sostienen con lógicas cooperativistas -lo que entra queda adentro y se reparte-, abrió sus puertas con propuestas artísticas, con juegos, fotografías, talleres.

“El problema no es la Ley, sino su falta de implementación”

“La casita tiene forma de chorizo, así que no se van a perder”, dice Eugenia, una de las trabajadoras que abre la puerta de entrada y hará de anfitriona. Al ingreso, hacia la izquierda y sin tener que caminar mucho, se encuentra la primera actividad. En el medio de la sala, una mesita con hojas, lápices y una consigna: “Dibujar sobre las siluetas una persona usuaria de salud mental y contar quién es”, explica Mayra, otra trabajadora, quien se hace cargo del momento.

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Sobre la pared están colgados 8 de los 12 puntos pendientes para la plena implementación de la Ley de Salud Mental, a 12 años de su sanción. “Faltan 4 de los 12 puntos, es hasta simbólico” dice riéndose Mayra. “Pensamos esta actividad por la necesidad de encontrar un espacio de sensibilización y problematización en relación a la Ley; que tenga 12 años y queden tantos puntos por fuera en relación a la implementación es muy preocupante”, planteó la trabajadora.

“Por otro lado, la idea de construir personas usuarias de la Ley un poco es encontrarse en un rol donde preguntarse, ¿Por qué no puedo ser usuaria de la Ley en clave de derechos? Si alguna vez necesito que me ampare, ¿Por qué no entenderme como una usuaria de Salud Mental?”.
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Para poner un ejemplo, uno de los puntos que Mayra remarca como problemáticos, en relación a la falta de implementación de la Ley, está el Artículo 4, el cual pone a los consumos en la órbita de la salud, buscando apartalos de la órbita punitiva del Estado: “Un problema es que tenemos la 26.657 y por otro lado tenemos una Ley de Drogas, que son incompatibles inconstitucionalmente. Tenemos una Ley que debería proteger los derechos de las personas usuarias de drogas y eso no sucede, entonces, el problema no es la Ley sino su falta de implementación, que también podemos pensarlo en relación al presupuesto, los espacios de internación o los dispositivos comunitarios de acceso a la salud”, concluye la trabajadora.

¿Qué es lo problemático de los consumos problemáticos?

Continúa el recorrido por la casita y hacia adentro, en el patio de luz, del techo cuelgan algunas fotos de Marchas de Salud Mental anteriores. Abajo de esas fotos hay otra propuesta: “pensar por qué marchar por la Salud Mental”, complicada de responder, pudiendo incluso en pensar en revertirla, planteando por qué no marchar. Ponerlo en palabras, escribirlo y pegarlo sobre la pared es la tarea.

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Al frente de la actividad hay una puerta, alta como todas las puertas de la casa, con una cortina que no deja ver hacia adentro. “¡Pasen, pasen! Aquí hay otra actividad”, dice Eugenia con un tono de invitación alegre. Adentro está fresco, con aire acondicionado, por eso la puerta cerrada. Una ronda de personas a punto de inicar la actividad del momento recibe con calidez a quienes ingresan, invitando a sentarse.

En el medio de la sala, de nuevo una mesa y sobre ella tres sobres, uno verde, que plantea un personaje, otro amarillo, que planea una circunstancia, y otro morado, que tiene escrita una dosis de algún tipo de sustancia psicoactiva, puede ser sintética u orgánica. “La idea es poder inventar posibles escenarios sobre qué le está pasando a esa persona y pensar qué es lo problemático de esa circunstancia”, comenta Keila, otra trabajadora del Programa y coordinadora del momento.

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Primera ronda, en la verde figura 'un pibe de 16 años', en la amarilla 'apenas se levanta' y en el morado, 'se fuma 1 porro'. Empieza el debate y la infinidad de preguntas y planteos, incluso experiencias personales mezcladas, demuestran lo complejo de esta circunstancia imaginaria -o no tanto- entre pensar la edad, la alimentación, el rendimiento escolar, qué pasará en casa, qué pasará en el barrio, si tiene casa, si tiene barrio, qué hora es cuando fuma, cómo consigue y si es de buena o mala calidad lo que consume. Todo en torno a la pregunta, ¿Qué de ese consumo es problemático?

Salen otras, verde, 'una adolescente de 17 años, es madre y estudia, amarillo, 'antes de rendir', 'toma medio cartón de LSD', dice el morado. La discusión se dispara y la complejidad del caso se vuelve a desatar, la actividad es un gran ejercicio para plantear, desarmar y repensar los prejuicios. Un punto que destaca una de las participantes y usuaria del Programa, es la doble estigmatización que recae sobre las mujeres que son madres y consumen, deslegitimadas en su rol incluso por las propias familias, sumándole a veces al peso de las instituciones.

“Acompañe. No castigue”

Al salir de la habitación fresca y al mirar hacia la izquierda se encuentraba el patio de la casita con más mesas, más lápices, más hojas, pinturas, cartones y banderines, siempre al medio, con gente alrededor. Esa instancia de hacer un cartel y luego mostrarlo en las calles de la ciudad, no deja de ser íntima, pero incluso subjetivante. Pensar, escribir, colorear, rayar, expresarse.

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“Hacemos lo mismo para el 8M, hacemos lo mismo para la Marcha de la Gorra. Tenemos un contexto institucional que nos hace salir y que los compañeros de trabajo crean que esas reivindicaciones son importantes”, comenta Eugenia, quien se toma unos momentos para charlar sobre ésta previa.

“Por otro lado no deja de generar tristeza, el preguntarse por qué y hasta cuándo va a ser necesario salir, más en esta marcha, porque hay una ley, y que el marco legal represente tan poco es lo que más bronca da; quienes trabajamos en salud mental sabemos qué es lo que es realmente pasa en los dispositivos y hasta ahora en ningún gobierno hubo presupuesto efectivo para la implementación de la Ley”.

A su vez, la situación en Córdoba con respecto a los consumos y las políticas de Estado está estancada y en retroceso. El tema del Instituto Provincial de Alcoholismo y Drogadicciones (IDAP) resuena con fuerza por la violencia que se ejerció con su cierre y lo evidente del recorte, el traslado de trabajadores y la interrupción de los tratamientos de las personas usuarias.

-¿Qué viene sucediendo en Córdoba con respecto al abordaje de los consumos?

-En Córdoba se viene haciendo un 'como sí' hace mucho tiempo y hay una cosa peligrosa en eso, porque supuestamente cierran los monovalentes como el IPAD, diciendo que van a abrir espacios de atención comunitaria, o que las áreas de salud mental de los hospitales generales van a tener más personal, más recursos y finanaciamiento, pero es lo mismo que pasó con la descentralización de la Salud Pública y la Educación con Mestre. Se descentraliza, no hay monovalentes, pero se atiende en hospitales generales que no tienen recursos para hacer frente a las problemáticas que les llegan vinculadas a Salud Mental. Además lo que nos pasa, es que quienes llegan acá posiblemente necesiten una instancia de desintoxicación y muchas áreas de Salud Mental de los hospitales generales nos dicen que no pueden hacerlo.

-¿Qué lectura hacen de los consumos desde el Programa?

-No pensamos esto vinculado a la Justicia, ni al consumo como salud-enfermedad, hay una mirada más integral desde lo situacional. Una persona puede tener un consumo problemático en un momento determinado de su vida y que sea solamente por algo particular, por la forma de vinculación con una sustancia, con otros sujetos y/o con un contexto. Tal vez, si algo de eso cambia, ese consumo deja de ser problemático. El ejemplo más claro es que una persona puede tomarse tres botellas de vino en la casa y tal vez, ese consumo en ese momento particular de la vida no sea problemático, pero si en ese mismo momento la persona se sube al auto y maneja, ese consumo puede volverse problemático.

Si no pensas desde lo situacional, terminás haciendo un tratamiento único, homogeneizado, cuando acá existen una diversidad de personas haciendo tratamiento. Por otro lado, está la cuestión de la integralidad, porque capaz la cuestión del consumo es mínima para lo que la persona está pasando, y sólo está siendo funcional para poder sostener todas sus otras cosas. Entonces, abordando todo eso otro, capaz se reduce el consumo.

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“Acá hay usurias mujeres, adultos varones que son la mayoría varones cis y jóvenes. Es el único espacio que junta usuaries de todos los otros módulos”.

El Programa del Sol está dividido en tres áreas: administrativa, comunitaria y terapéutica. Desde el año 2009, Eugenia trabaja en estas dos últimas junto a otras trabajadoras, en especial con mujeres por lo que ella vuelve a remarcar la doble estigmatización de este sector, “por un lado, la cuestión de ser consumidoras y todos esos estigmas, pero que, si sos mujer, no podes cumplir con nada de lo que el patriarcado como rol social te exige, entonces hay una doble expulsión”.

“Pero pasa con los varones también. Las situaciones de crisis en las que llegan es mucho más compleja, porque hay una vulneración de derechos en muchos ámbitos de sus vidas, por la escuela, el CPC, el Centro de Salud y ni hablar de la Policía, ¿Qué cuerpo puede aguantar eso si no tenes una red que te acompañe? Entonces acá también, dentro de lo integral, cómo empezar a armar otras redes”.

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