Elecciones en Brasil: el feminismo contra el fascismo

Faltan 5 días para las elecciones presidenciales en Brasil y la campaña electoral llega en estos días a su punto de mayor tensión.  Fernando Haddad buscará lidiar contra el fascista Jair Bolsonaro en un balotaje si pasa la  primera vuelta. ¿Será el movimiento feminista el factor decisivo que le ponga un freno al avance de […]

Por Guillermina Huarte |

🕒 4 minutos de lectura

Faltan 5 días para las elecciones presidenciales en Brasil y la campaña electoral llega en estos días a su punto de mayor tensión.  Fernando Haddad buscará lidiar contra el fascista Jair Bolsonaro en un balotaje si pasa la  primera vuelta. ¿Será el movimiento feminista el factor decisivo que le ponga un freno al avance de la extrema derecha regional?

Hay más de 10 candidatos presidenciales para estas elecciones generales en el país vecino y desde el ingreso en prisión del aclamado y favorito de las encuestas, Lula Da Silva, la carrera electoral se ha radicalizado en todos los sentidos. 

El giro mediático que otorgó una suba en la intención de voto del capitán del Ejército Jair Bolsonaro fue sin duda la presunta agresión con arma blanca que sufrió en un mitin electoral. Aunque el respaldo que devino en caudal de votos han sido las iglesias y templos pentecostales y evangelistas de todo Brasil, un púlpito adecuado para su discurso anti LGBT. 

Sotanas y alzacuellos de todas las confesiones más o menos católicas han respaldado durante las últimas semanas el discurso de Bolsonaro permitiendo que hoy sume hasta 10 puntos más que su oponente directo Haddad (31% a 21%  según Perfil 2-10-18).

Prometiendo la eliminación de la Educación Sexual en las escuelas para que no "les enseñen a los nenes a jugar con muñecas" y denunciando que si gana el petista Haddad "los niños serán arrebatados de sus familias y entregados al Estado para que decida su sexo" (Pagina /12 3-10). Sin duda el fenómeno de los partidos "azules" y su capacidad de movilización y caudal electoral plantea un fuerte desafío político para todo el campo popular brasileño y del conjunto de la región.

Una campaña atípica
El resto de candidatxs se han colocado en sintonía con una campaña ya de por sí polarizada y con fuertes giros mediáticos de un lado, y una brutal persecución judicial y política del otro. Según una investigación de la consultora IPSOS, más de tres cuartos de la población brasileña (unas 150 millones de personas sobre el total del censo) considera que Lula Da Silva está preso ilegítimamente y sólo con el fin de evitar su participación en las elecciones. (New York Times 3-10-18).

Un ejemplo de la excentricidad mediática son las declaraciones del "tercero en disputa" Cabo Daciolo  un evangelista de pro, ex bombero militar que, buscando disputarle la base electoral celeste a Bolsonaro, repite desde su retiro espiritual -con ayuno y meditación incluídos- que debe ocupar la primera magistratura del Brasil para proteger al país de "los banqueros, el Nuevo Orden Mundial, Los Illuminati, y los Masones". Todo muy normal. La campaña aún no ha llegado al final y no se descartan nuevas declaraciones descabelladas.

El feminismo ¿Va a vencer?


La misoginia como bandera de la que hace gala el favorito de la banca, la(s) iglesia(s) y el ejército
, no ha pasado sin pena ni gloria, en un país y un continente atravesado como ninguno por la IV Ola feminista. Las mujeres del Brasil han irrumpido con fuerza en el terreno político haciendo un llamado a no votar por Bolsonaro, en un despliegue masivo de manifestaciones en todo el país.

#EleNao ha sido el hashtag que en pocos días ha sumado más de dos millones de seguidorxs, copado las plazas de más de 300 ciudades del continente y más de 90 ciudades brasileñas, demostrando la potencia que las mujeres, las disidencias sexuales y de género, lxs colectivxs transgénero y transexuales tienen, unidos en defensa de sus derechos adquiridos.

El resultado electoral está aún indefinido y la solidez de la democracia brasileña y por extensión de toda latinoamérica está a prueba. Este proceso histórico de lucha popular contra el establishment y la judicialización de la política que acontece en nuestra región desde 2015, puede en estos días confluir con las banderas del feminismo y ponerle un freno al fascismo regional, en defensa propia, pero también en defensa de todas las clases populares. Al final el Feminismo nos va a salvar a todes. 


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Guillermina Huarte

Estudiante avanzada de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de Córdoba. Redactora en Enfant Terrible y autora de numerosos artículos publicados en distintos medios.

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